Antonio Alcantarak urteak daramatza Vocento taldean idazten. Egun, larunbatetako kontra-portadan dagoen zutabea egiten du. Egunkariari begiradatxo bat eman nion baina zur eta lur utzi ninduen esku artean nuena. Lerro hauek taldeak dituen egunkari gehienetan agertu ziren: Diario Sur, Diario de León, El Correo Español, Diario Vasco... Pepe Utreraren ohorea goraipatzen du. Baina nor da Pepe Utrera?
José Utrera Molina (Málaga, 12 de abril de 1926) es un político español.
Falangista procedente del Frente de Juventudes, desempeña desde muy joven la subjefatura provincial del Movimiento en Málaga hasta su nombramiento como gobernador civil de las provincias de Ciudad Real (1956-1962), Burgos (1962) y Sevilla (1962-1969).
En 1969 fue nombrado Subsecretario del Ministerio de Trabajo, cargo que desempeña hasta junio de 1973, cuando pasa a formar parte del primer gabinete ministerial del almirante Carrero Blanco como ministro de la Vivienda. Tras el asesinato de Carrero, es nombrado en enero de 1974 ministro Secretario General del Movimiento en el primer gobierno de Carlos Arias Navarro, cargo que desempeñaría hasta su cese en marzo de 1975.
Es autor, entre otros, del libro de memorias Sin cambiar de bandera (Planeta, 1989) ISBN 84-320-5869-6 en el que relata su paso por los diferentes gobiernos de Franco.
“Joko” bat proposatu nahi nizueke. Hemen atxikitako artikuluan José Utrera Molina irakurtzerakoan, Txomin Iturbe jartzen duela imajinatu. Zer gertatuko litzake? De Juanari galdetu.
1936ko gudan garaile izan zirenak, egungo “askatasunaren” zaindari.
HABLO del Excelentísimo señor don José Utrera Molina, con la excusa de que nos conocimos casi en el Antiguo Testamento, cuando yo tenía diez años y él doce, calle de la Victoria, arriba. Le llamo Pepe. Somos amigos de eso que se llama de «toda la vida», aunque ninguna de las dos haya llegado a su final y puedo decir algo de cómo era, o sea, de cómo sigue siendo. Ahora leo que la Diputación de su bien amada tierra de Málaga, que es la misma mía, quiere retirarle los honores que se ganó, luchando precisamente por ella, aunque también por otras.
Resulta que Pepe Utrera es el único personaje de toda la lista de represaliados retrospectivos que puede sufrir la absurda venganza. A los otros desposeídos les traerá sin cuidado, ya que lo han dejado «entre las azucenas olvidado» o entre las trincheras o los hospitales. No combatió él contra nadie. Todo lo contrario: ayudó a construir algo en lo que creía. Le vi por tierras de Ciudad Real y Burgos, en jornadas maratonianas. Y luego en Sevilla, donde literalmente era adorado. Lo he visto siempre, ya que en mí no ha tenido un camarada, sino un amigo, que es categoría algo más definitiva.
Hace falta ser brutos para intentar restarle a un hombre cabal lo que ha venido sumando a lo largo de los años. También hace falta ser ladrón para robarle a alguien los honores acumulados. Ser excelente es mucho más difícil que ser excelentísimo y me duele que este rencoroso propósito haya nacido en nuestra tierra. ¡Qué razón tenía don Gregorio Marañón cuando me dijo que «las guerras civiles duran un siglo»! Hace falta que se liquiden tres generaciones para que la llamada «memoria histórica» no chorree sangre. Pero él no es culpable de nada, porque le bombardearon la infancia. Mira, Pepe: te podrán quitar los honores, pero no el honor.
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