“EL CLUB DE LA LUCHA”
INDICE
- INTRODUCCIÓN............................................................. 2
- DIRECTOR Y REPARTO.................................................... 5
-Director....................................................................... 5
-Principales actores del reparto............................... 6
- ANÁLISIS DE LA PELÍCULA POR CAPÍTULOS.................. 8
- HISTORIA DE UNA PSICOSIS............................................ 51
- Síntomas de la psicosis en Jack.............................. 51
- Explicación psicoanalítica....................................... 54
- Virtudes y límites de esta interpretación................ 58
- ¿Un personaje reflejo de una sociedad?.............. 60
- EN BUSCA DE LA FELICIDAD........................................... 62
- La situación de Jack................................................. 62
- Primer atisbo de luz................................................... 66
- La felicidad, desesperadamente............................ 67
- En busca del sistema: el cinismo.............................. 69
- Inicio del “Club de la Lucha”................................... 73
- Las reglas del club...................................................... 77
- Concluyendo............................................................... 78
- DE LA FELICIDAD A LA JUSTICIA....................................... 80
- El proyecto Mayhem.................................................. 81
- El milenarismo de Tyler................................................ 84
- Para acabar................................................................. 85
- LA TEMÁTICA EN LA HISTORIA DEL CINE.......................... 86
- CONCLUSIÓN..................................................................... 90
- BIBLIOGRAFÍA...................................................................... 92
- ANEXO.................................................................................. 94
“EL CLUB DE LA LUCHA”
- INTRODUCCIÓN
El trabajo que se presenta a continuación nace del interés por cribar racionalmente el impacto que produjo en mí esta película cuando la vi por primera vez. Como habrá comprobado quien la haya visto, ésta es una cinta que requiere más de un visionado para comprenderla mínimamente y luego las que corresponda para analizarla con ciertas garantías como, claro está, sucede con cualquier realización que tenga algo que decir.
En un principio, la razón por la que llamó mi atención, podríamos decir que me atrapó, fue la manera en que estaba elaborado el guión, con una estructura bastante complicada y unos diálogos que como mínimo, y no es poco hoy en día, invitaban a pensar. Otra de las virtudes del filme que concitó mi atención fue el hecho de que en ella el hacer pensar no estaba reñido con el entretener, aunque probablemente no pueda ser considerada precisamente ésta una película de entretenimiento. Dichas virtudes, luego me daría cuenta, provenían de la habilidad del director para crear atmósferas, como ya había demostrado en Seven, pero también de la estructura y contenido de la novela de Chuck Palahniuk, a la cual la película es bastante fiel en casi todas sus facetas, incluso en el montaje, quizá con la salvedad de la sorpresa final, en la que Fincher es quizá más fiel a la obra de Stevenson “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” que a la propia novela de Palahniuk.
En efecto, “El Club de la Lucha” hace pensar. Y para los que por profesión nos dedicamos a esto del pensamiento, es de agradecer que se realicen películas cuyo contenido ideológico, no entramos aquí todavía en valoraciones estéticas, vaya más allá de recalcar de manera reductiva y estereotipada los valores e ideales típicos y tópicos de una sociedad, las más de las veces la americana. Será criticable, discutible o censurable en algunos aspectos, pero el aluvión de reflexiones sobre la vida que recibimos de la voz en off del protagonista, después vendrán las de su remedo ideal, apenas comienza la película es, como decía antes, de agradecer. Más si cabe teniendo en cuenta que procede de una productora como la Fox cuyo único y declarado objetivo es ganar dinero.
Mi primera intención era dedicar el trabajo a hacer un trabajo que analizara los aspectos éticos de la película. Luego, debido a los consejos del director de este trabajo Fernando Huerta Alcalde y a las intuiciones interpretativas de la conferencia y el artículo de Jesús González Requena, decidí ampliar el abanico de aspectos de la película a incluir en el índice y desarrollo del escrito, si bien todavía sigo pensando que un análisis lo suficientemente exhaustivo de elementos como la realización personal, la justicia, el nihilismo, el fascismo o el milenarismo en la película, darían para un trabajo de estas dimensiones.
Teniendo esto en cuenta, lo que se presenta a continuación es una reflexión histórica, estética y filosófica del cuarto largometraje de David Fincher. Además de esta introducción, se puede encontrar en él un análisis bastante pormenorizado, con comentarios entre lo estético y lo ideológico, de todas las escenas de la película. La división por capítulos en que aparece obedece a los que la copia del DVD ofrece, y los títulos proceden también de dicha copia.
La segunda parte, titulada “Historia de una psicosis”, trata de incidir en las intuiciones recibidas de Jesús González Requena en relación a que la mejor manera de interpretar la película es considerar que el protagonista es víctima de una psicosis, pero desde una visión distinta en algunos aspectos a la de este pensador.
La tercera parte es la más propiamente filosófica o ética. El objetivo que se persigue en esta tercera parte es realizar una interpretación ética del filme, y por tanto algo más “racional” que la psicoanalítica, que ayude a dar una visión distinta desde la que también puede comprenderse la cinta. Como viene siendo habitual en la mayoría de los libros sobre ética, separaremos en esta reflexión aquello que se refiere al logro de la felicidad o de un “ethos” personal, del que tiene que ver con nuestras acciones que tienen una influencia más acusada en los demás o relativas a la justicia. Más que de proponer interpretaciones alternativas de lo que trato es de ofrecer otra perspectiva que a veces se solapa con la anterior, que otras veces la contradice y, que en cualquier caso, trata de extraer algún elemento que enriquezca la ya de por sí variada gama de polémicas a que ha dado lugar la película.
En el apartado cuarto se nos presenta un breve recorrido histórico por las películas que de algún modo presentan la temática que aborda la película. Hemos recurrido a la obra de J.L. Stevenson “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” (1886) y a las numerosas versiones que se han rodado para la pantalla, porque nos ha parecido que es la historia en la que más convergencias se dan con la realización objeto de estudio de este trabajo[1]. El antecedente en el que más nos centraremos será la versión de la novela llevada a la pantalla por Jean Renoir con el título “El testamento del doctor Cordelier” (1959).
Completaremos el trabajo con una serie de conclusiones extraídas de los prejuicios con que contaba de antemano y de los que, tras el trabajo, se han evaporado o, como mínimo, matizado.
En lo que respecta a la metodología, el contenido de la primera parte procede del análisis detallado de la mayoría de las escenas y planos de la película. El resto del trabajo es fruto de este análisis y de las ideas e intuiciones recogidas de varios libros de psicología, de filosofía o de ética y de la historia y estética del cine, además de las ya citadas intuiciones de Jesús González Requena. A todo ello hay que añadir el la información recabada en Internet y del DVD complementario que se adjuntaba en el lote de la película. La mayoría de los materiales procedentes de Internet y del DVD se refieren a datos técnicos sobre el rodaje y anécdotas o entrevistas con los protagonistas o con el mismo director.
I.- DIRECTOR Y REPARTO
1.- DIRECTOR
David Fincher se ha convertido en uno de los directores más controvertidos de la década de los noventa. Tras trabajar en vídeos musicales y en la industria de la publicidad, origen que se deja notar en sus películas, dio el salto a la dirección de largos con “Alien 3” -segunda secuela de la realizada por Ridley Scott y protagonizada por Sigourney Weaver-, que no fue bien recibida por la crítica; tampoco por los espectadores. Más tarde vino “Seven”, filme policíaco en el que un psicópata se erige en juez y verdugo del bien y del mal y , basándose en la doctrina de los siete pecados capitales, trama un macabro juego asesino. Está protagonizada por Morgan Freeman, Brad Pitt y los oscarizados Kevin Spacy y Gwyneth Paltrow. Esta película catapultó a la fama a Fincher y se convirtió en una película muy rentable para la Warner al alcanzar un éxito considerable en las taquillas. Tras la acogida de “Seven”, “The Game”, protagonizada por Michael Douglas y Sean Penn, levantó mucha expectación, pero defraudó a público y crítica. Cuenta la historia de un regalo de cumpleaños, un juego en el que participa el protagonista teóricamente, que se convierte en una pesadilla para el protagonista y para los espectadores, hasta que al final las dudas se disuelven y nos damos cuenta de que todo estaba tramado y era ficticio. La película que analizamos en este trabajo era un proyecto poco habitual para una productora como la Fox, y teniendo en cuenta la tirantez de las relaciones de Fincher con ésta tras el fracaso de “Alien 3”, casi nadie esperaba que pudiera llegarse a realizar, a pesar de la insistencia de un Fincher que había quedado prendado con la novela de Palahniuk. Después de numerosas vicisitudes[2], el proyecto vio luz al fin, y “Fight Club” se estrenó en salas comerciales, aunque tampoco fue un éxito de público y dividió a la crítica. Por último, la claustrofóbica “Panic Room”, protagonizada por Jodie Foster, Forest Whitaker y Jared Leto, tampoco ha satisfecho a público y crítica en general. Cuenta las angustiosas peripecias de una madre y su hija cuando se ven asaltadas en su propia casa, recientemente comprada y que cuenta con una habitación de seguridad dotada de los últimos avances tecnológicos, por unos ladrones.
Sin duda, su película más controvertida ha sido “Fight Club”, espejo y crítica feroz de la sociedad occidental para algunos, y obra considerable en ese sentido; reflejo psicológico de una sociedad y una cultura enferma para otros, y vanalización o apología de la violencia para los restantes.
2.- PRINCIPALES ACTORES DEL REPARTO
BRAD PITT: Tabajó en varias series de televisión hasta que en 1992 le dieron un papel en la película “Johnny Suede”, premiada en Locarno con el Leopardo de Oro a la mejor película. Tuvo también papeles en filmes como “Cool World” de Ralph Bakshi´s, “True Romance” de Tony Scott, “Sleepers” de Barry Levinson o “The Devil´s Own” de A. J. Pakula. Pero la película que lo lanzó fue sin duda “Thelma & Louise” de Ridley Scott, a partir de la cual protagonizó otras como “Meet Joe Black”, “Seven Years in Tibet”, “Legends of the Fall”, “Seven”, “A river runs trough it”, “Kalifornia”, “Interview with the vampire” o “Twelve monkeys”. Ha sido nominado varias veces a los Globos de Oro, uno de los cuales ganó con la última película citada.
EDWARD NORTON: Ha intervenido en películas como “Primal Fear”, con Richard Gere , por la que fue nominado al Globo de Oro, “Everyone says I love you” de Woody Allen, o “The people Vs Larry Flint” de Milos Forman. Por su trabajo en estas películas recibió el premio al mejor actor secundario de varias revistas especializadas. Trabajó también en “Rounders” de John Dahl con Matt Damon y en “American History X”, por cuya actuación recibió un premio de la academia como mejor actor. Ha trabajado también en “Keeping the Faith”, película dirigida, producida y protagonizada por él mismo.
HELENA BONHAM CARTER: Nació y se educó en Londres, donde trabajó en “Lady Jane”, en “A room with a view” con James Ivory y luego en “Where Angels Fear to Tread” y “Howard´s End”. Ha actuado también en “Theory of Flight” y “Mary Shelley´s Frankenstein” con K. Branagh, ha sido nominada por “Wings of the dove” y nombrada mejor actriz en los premios Genie de Canadá por su actuación en “Margaret´s Museum”, además de recibir un premio Emmy por su actuación en la miniserie “Merlín”. Trabajó como mujer de Woody Allen en “Mighty Aphrodite”, como víctima de anorexia en “Getting it Right”, como stripper en “Dancing Queen” o como mujer de Lee Harvey Oswald en “Fatal Deception”, además de tener papeles en series de televisión como “Miami Vice”.
II.- ANÁLISIS DE LA PELÍCULA POR CAPÍTULOS
Capítulo I: Centro del miedo
La película comienza con un travelling en retroceso en el que se nos muestra lo que ha de suponerse que es el cerebro del protagonista. Es un comienzo visualmente muy sugerente, pero difícilmente se percata el espectador de que esa especie de amasijo de hilos, cavernas y luces es la exploración interna de un cerebro. Lo que en realidad se muestran son algo parecido a cables eléctricos, enredados de forma caótica la mayoría de las veces, que seguramente representan las neuronas, y que unidos al desorden de luces, en una escena por otra parte eminentemente oscura, y a cavidades sinuosas presentadas por un movimiento de cámara poco regular en su ritmo, da al espectador la sensación de encontrarse en un lugar desconocido, habitualmente no accesible al ojo humano.
Como ya hemos dejado entrever, los tonos de la fotografía son oscuros –lo serán a lo largo de toda la película- variando entre el negro y el gris azulado, tono oscuro y húmedo que Fincher ha utilizado también en otras películas como Seven o The Game, por no decir que en casi todos sus filmes. En este ambiente tenebroso la luz adquiere, por el contraste, mayor relevancia, por lo que los continuos flashes del comienzo de la película y la luminosidad de los títulos de crédito, que surgen y se desvanecen como una nubecilla en el cerebro del protagonista, producen un espectáculo visual imaginativo y sugestivo. A ello hay que añadir la música de “The Dust Brothers”, donde la alternancia machacona de dos o tres acordes acompañados por la batería y el sonido distorsionado de una guitarra, sin olvidar las voces del fondo, voces que parecen proceder del sufrimiento o de la angustia, y que unidas a las imágenes producen una extraña mezcla de desasosiego o desequilibrio interior y magnetismo, difícilmente apreciables con un solo visionado de la cinta. El conjunto es un conglomerado de sensaciones difíciles de definir antes de haber visto el largometraje en su totalidad, una síntesis audiovisual que sin plasmar la primera intención del director, -poner en escena la introspección de un cerebro- sí pone de manifiesto la capacidad imaginativa de este realizador de envolver al espectador en una atmósfera peculiar que durará en nuestro pensamiento incluso después de acabada la película.
Capítulo II: Tierra cero
La escena primera acaba con imágenes de la piel sudorosa del protagonista y del cañón de una pistola incrustada en su boca, con la cámara enfocando el intervalo entre su boca y su frente, lo que resalta sobremanera la expresividad de sus ojos atemorizados o extrañados, mientras comienza a oírse una voz en off omnipresente a lo largo de gran parte de la película. Los tonos de la fotografía siguen siendo oscuros en el siguiente plano, que nos presenta ya de perfil la mano del personaje que le apunta con la pistola y la cara de Ed Norton, dejándose entrever ya el fondo de una habitación en la que predomina la amplitud de las cristaleras. Aparece luego un primer plano frontal de Jack, con la pistola en la boca, para dar paso después a un plano medio en el que aparece Tyler de espaldas portando la pistola. Al fondo empiezan a vislumbrarse con mucha mayor claridad los edificios neoyorquinos al tiempo que Tyler pasea alrededor de un Jack sentado mientras se entremezcla la voz en off de Jack con el diálogo sobre algunos de los episodios de la película. La voz en off comienza luego a hablar del proyecto Mayhem y de la carga de explosivos colocados en el edificio al tiempo que la cámara viaja a velocidad irregular por entre los más recónditos lugares de los edificios gracias a la técnica de la fotogrametría, hasta que llegamos a la furgoneta, en donde la cámara se introduce por un orificio de bala. Estas imágenes, creadas por ordenador, se nota que son “poco reales” si se observan con detenimiento, quizá no en una primera visión, ya que la velocidad de la cámara impide una atención lo suficientemente minuciosa.
Se nos presentan de este modo las claves para entender toda la película: los dos protagonistas delante de unos ventanales detrás de los que sobresalen unos edificios nocturnos en los que resaltan las luces de las ventanas; la voz de Jack diciendo que la gente suele preguntarle si conoce a Tyler Durden; la mención sobre el proyecto de demolición y destrucción masiva (cargas de dinamita gelatinosa en los pilares maestros que reducirán todo a escombros); la frase final en la que dice “Lo sé porque lo sabe Tyler”. No obstante, estas claves no son más que hilos sueltos que sólo al final, cuando sepamos del devenir del protagonista, se acabarán atando, pero que al principio no producen otra sensación que no sea la perplejidad. Al final de la escena la cámara por medio de un travelling retoma en primer plano el rostro de Jack para realizar un flash-back parcial que luego nos conducirá al tercer capítulo, donde la historia comienza a contarse linealmente. Simultáneamente la voz en off de Jack nos da cuenta de la única clave no mencionada hasta el momento: “De repente me di cuenta de que todo, las armas, las bombas, la revolución, estaba interrelacionado con una joven llamada Marla Singer”. Curiosamente en las imágenes que se muestran no aparece la tal Marla por ningún lado, pero sí un tal Bob que el protagonista conoce en un grupo de ayuda a hombres con cáncer de testículos. Bob es un individuo obeso cuyos testículos extirpados le hacen desarrollar los pechos de manera desorbitada. Jack aparece en una imagen abrazado a Bob mientras ambos lloran. La narración caótica de este segundo capítulo es bastante sintomática de la personalidad desequilibrada del protagonista, pues el elemento más reseñable es sin duda el desorden narrativo-mental. El espectador no se da cuenta de ello al ver la película por primera vez, pero una mirada más crítica nos puede hacer más perceptible la sintonía entre la narración y la personalidad del personaje principal del filme.
Capítulo III: Insomnio
“Hacía seis meses que no podía dormir, podía dormir, podía dormir... Cuando se padece de insomnio, nada parece real. Todo se convierte en la copia de una copia, de una copia...” Es la voz en off la que nos lo relata mientras la cámara enfoca al protagonista en la cama por medio de un plano en picado al que siguen otro en el que Jack aparece en su oficina, que da paso a un plano general de la oficina en el que se intercala la primera imagen subliminal de Tyler, para volver luego a aparecer primeros planos de un protagonista de espíritu decaído. A continuación un travelling en retroceso desde el cubo de la basura incide en las marcas de los productos que hay mientras la voz en off nos señala: “Cuando la exploración del espacio profundo sea algo cotidiano, serán las multinacionales las que lo bauticen todo...”. Los siguientes planos (plano-contraplano) están dirigidos a presentarnos la relación de Jack con su jefe, que le manda viajar para realizar unos informes y de cuyo vestuario y vitalidad ironiza el protagonista al señalar que debe de ser martes porque lleva la corbata azul y que ha debido de inyectarse su dosis de cafeína láctea porque le ve muy activo. Se da así comienzo a una de las constantes de la película, a saber, la crítica del modo capitalista-consumista de vida occidental y de la rutina y esclavización que ello supone para el trabajador ordinario.
Capítulo IV: Instinto Ikea
Este capítulo tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera la cámara nos presenta una panorámica del apartamento de Jack para mostrarnos con estética de publicidad –Fincher hace referencia a la publicidad en varios de sus trabajos- su decoración objeto a objeto, acompañados por su marca y el listado de sus principales características. Jack, mientras tanto, ojea revistas de interiorismo y pasea entre tantos “productos necesarios” con un teléfono inalámbrico que está usando para encargar un nuevo artículo, al tiempo que busca algo que llevarse a la boca mientras comenta en off: “Como tantos otros me había convertido en un esclavo del instinto Ikea para acomodarse en casa”. Sigue en este capítulo con la crítica ácida al consumismo occidental que se muestra en frases como: “¿Qué clase de vajilla definiría exactamente mi personalidad?”; “... Antes ojeábamos pornografía, ahora ojeamos la colección de interiorismo...”; o aquella afirmación en la que dice que tenía de todo, incluso cosas cuyas imperfecciones demostraban que habían sido fabricadas artesanalmente en no sé qué país.
La segunda parte enlaza con el episodio del insomnio del capítulo anterior, pues nos presenta en plano-contraplano a Jack en una consulta médica pidiendo a su médico que le recete algo. El médico le recomienda métodos naturales como masticar raíz de valeriana y hacer ejercicio. Jack no se da por satisfecho y cuando le sugiere al médico que está sufriendo, éste le espeta que si quiere ver sufrimiento vaya los martes por la noche a la iglesia metodista o que visite a los chicos con cáncer de testículo, porque “eso sí que es sufrir”. En el último plano en que aparece el médico en el pasillo que está fuera de su consulta camino de su quehacer cotidiano y ofreciéndole al protagonista estas sugerencias, se nos presenta la segunda aparición subliminal de Tyler.
Capítulo V: Seguimos siendo hombres juntos
El primer plano de este capítulo nos presenta a Jack dirigiéndose a uno de los grupos de ayuda que le ha recomendado su médico. Se trata del grupo de hombres con cáncer de testículo, grupo en el que conocerá al Bob al que anteriormente hemos hecho referencia. La dinámica de grupo se lleva a cabo en un campo de baloncesto (al fondo aparece siempre la canasta) en el que los participantes se sientan en círculo y van contando al grupo las calamitosas consecuencias que ha tenido para ellos el llegar a padecer dicha enfermedad. A esta actividad en grupos le sigue otra por parejas, y en estas es donde conoce a Bob. En una de las dinámicas del primer tipo aparece Tyler, otra vez subliminalmente, con una actitud burlesca, como mofándose del sufrimiento o de las actividades de ese jaez. Otro elemento reseñable es la presencia de una bandera americana con unos tonos muy oscuros (apenas es reconocible), que bien nos puede sugerir, aunque parezca excesivamente rebuscado, la negación del sueño americano a los asistentes a ese tipo de reuniones.
En la actividad por parejas, Jack aparece abrazado a Bob, tal como nos había sido presentado en el segundo capítulo, mientras la voz en off, intercalada con las voces de los protagonistas, nos cuenta que había sido campeón de culturismo y que para ello tomaba esteroides como los que se les dan a los caballos de carreras. El sufrimiento de Bob hace llorar a Jack, y se transforma en desesperación. Pero curiosamente en la desesperación Jack encuentra su salvación: “Y entonces ocurrió algo, me solté, me sumí en el olvido; oscuro, silencioso y completo. Encontré la libertad, al perder la esperanza, hallé la libertad. Ni los bebés duermen tan bien. Me convertí en un adicto. Si yo no decía nada, la gente presuponía siempre lo peor... cuanto más lloraban ellos, más lloraba yo”. Estas últimas frases coinciden con un plano el que Jack duerme plácidamente, un primer plano de su rostro, un contraplano de los horarios de los grupos de ayuda y varios otros en los que aparecen algunos de los objetos más representativos de este tipo de grupos, acompañados por una música que se asemeja bastante a la de un coro gregoriano, probablemente para hacer partícipe al espectador de la libertad y la paz interior o espiritual de que el protagonista participa en ese momento.
Capítulo VI: El animal del poder
“No me estaba muriendo realmente, no era huésped de un cáncer o de parásitos, era un centro pequeño y cálido alrededor del cual se apoyaba la vida de ese mundo”, comenta Jack mientras la cámara se mueve de lo que parece la parte trasera de una iglesia hasta una especie de altar, donde una mujer habla a los asistentes, que se muestran en varios planos, como a quienes van a relajarse. Les invita a concentrarse y cruzar cada uno la puerta de la cueva, representada por Fincher en el blanco gélido de una cueva helada. “Imaginad que vuestro dolor es una pelota de luz curativa. Recorre vuestro cuerpo y os cura. Seguid el recorrido sin dejar de respirar lentamente. Ahora cruzaréis la puerta situada al fondo de la sala. ¿A dónde conduce? A vuestra cueva...”. En la cueva el protagonista camina lentamente, como quien inspecciona un lugar desconocido, y se encuentra con su animal del poder, un pingüino de animación construido por ordenador en el caso de Jack, que le invita con una voz infantil a deslizarse. El propio animal se desliza a continuación a unos palmos de esa especie de caverna de hielo ante la mirada atónita de Jack.
La secuencia siguiente es la de la salida del centro con cara relajada, una ligera sonrisa dibujada en sus labios, paseando tranquilamente en la noche (música de fondo tranquila, de sintetizador). La cámara lo acompaña tomándolo de frente, pasando paulatinamente de un plano americano inicial a un primer plano en su deambular por la ciudad. El primer plano se corresponde con la descripción por la voz en off de lo que le muestra su memoria: “Cada noche moría, y cada noche volvía a renacer, resucitaba. (Primer plano que da entrada a una imagen de abrazo entre Bob y Jack) “Bob me quería porque creía que a mí también me habían extirpado los testículos. Encontrarme allí apretado entre sus tetas, dispuesto a llorar, eran mis vacaciones”.
Capítulo VII: Marla
La presentación de Marla le lleva a Fincher varias escenas. Había sido citada en el segundo capítulo como la causante de todo el trastorno, pero todavía no la conocíamos más que de nombre. La cámara nos muestra a Jack y Bob abrazados en su habitual reunión de cáncer de testículos. De pronto el objetivo enfoca la puerta que da a la escalera, por la que aparece una sombra a la que sigue la figura en negro de una joven que entra fumando. Lleva un vestido negro, gafas oscuras y un bolso también negruzco. “¿El cancer es aquí?”, pregunta. La voz en off nos aclara: “Entonces ella lo estropeó todo... aquella mujer, Marla Singer, no padecía cáncer de testículo, era una embustera, no tenía ninguna enfermedad”. Pero más que el embuste de Marla lo que le preocupa a Jack es verse reflejado en él y, como consecuencia, su incapacidad para llorar-dormir. “La había visto en “Libres y sanos”, mi grupo de parasitosis sanguíneas de los jueves, luego en “Esperanza”, mi círculo bimensual de células falciformes... Marla, la gran turista. Su mentira reflejaba la mía (primer plano de Marla fumando a cámara lenta, con los labios pintados exageradamente, gafas oscuras en los ojos, una cara de color pálido enfermizo. Contraste entre el humo y su oscura figura) De repente ya no sentía nada, no podía llorar. Así que, de nuevo, no conseguía dormir”. Mientras enumera los diversos fraudes de Marla la cámara nos va presentando de pasada una serie de grupos en los que aparecen los dos protagonistas, hasta que llega al plano en que aparece ella fumando que hemos mencionado arriba.
Se produce una salida del grupo paralela a aquella en que decíamos que estaba relajado, pero en esta ocasión se lo ve tenso, buscando a la causante de su problema, a quien ve alejándose de espaldas por una calle lateral a la iglesia, plano en el que se muestra una imagen subliminal más de Tyler con su cazadora de cuero roja.
El insomnio vuelve (plano medio en picado de Jack acostado en su cama seguido de otros en los que ve la televisión en el sofá). “Llevaba cuatro días sin poder dormir. Cuando padeces insomnio, nunca te duermes del todo y nunca estás del todo despierto”. Durante una de esas noches Jack planea e imagina cómo enfrentarse a Marla. Hay una escena en la que se enfrenta a ella imaginariamente para echarle en cara su fraude. Paradójicamente, la descripción de la maquinación no se corresponde con el lugar en el que su imaginación nos presenta el enfrentamiento, pues si bien nos habla de las técnicas de relajación que se desarrollan en la iglesia, el escenario de su imaginación es el campo de baloncesto.
A continuación viene el episodio en el que una mujer delgaducha con enfermedad terminal (“el esqueleto de Meryl Streep” ) confiesa en el altar de la iglesia que por primera vez no teme a la muerte, pero que sí siente la necesidad de un compañero sexual que alivie su soledad. Cuando empieza a hablar de los lubricantes y preservativos que tiene preparados para la ocasión, la que dirige las reuniones parece ruborizarse y corta a Chloe e invita a los asistentes, como ordinariamente en su meditación guiada, a buscar su animal del poder. Es entonces cuando Jack trata de definir el significado de Marla en su vida y señala: “Si tuviera un tumor, lo llamaría Marla. Marla, el pequeño rasguño en el cielo de la boca que cicatrizarías si pudieras dejar de irritarlo con la lengua, pero no puedes”. Al entrar en la cueva de hielo en vez de encontrar al pingüino encuentra a Marla, sentada, fumando como siempre, que le sugiere: “deslízate”. He ahí el tumor.
Después de esto, en la dinámica por parejas, cuando Marla está tomando café, Jack la aborda y le dice que es una farsante, que la ha descubierto, que estaba en varios grupos a los que él asistía. La amenaza con delatarla, pero también ella a él. Cuando le pregunta por qué lo hace (Los dos abrazados para llorar juntos), su respuesta es propia de una comedia negra: “Es más barato que el cine y además dan café”. Jack, ante la pregunta de Marla por la razón de su asistencia a los grupos, confiesa que cuando la gente cree que te estás muriendo es cuando de verdad te escucha. Hablan de la mutua adicción y Jack le pide hacer lo posible para no coincidir en las sesiones, porque la impostura de ella le impide llorar, o lo que es lo mismo para él, dormir. La escena siguiente, en la que los dos protagonistas han abandonado ya la sala de reunión para ir a la lavandería, es de las más macabras de la película, lo cual es bastante decir. Jack ha acabado en la lavandería siguiendo a Marla. Ésta coge toda la ropa que se encuentra en las lavadoras, va a una tienda y la vende. En el trayecto se entabla una discusión sobre la manera de repartirse la asistencia a las reuniones de enfermos terminales. La discusión dura hasta que llegan a un acuerdo y se intercambian los teléfonos por si surge algún cambio en sus asistencias. Hay dos escenas en este lapso que reflejan bastante bien el talante de Marla: cruza la carretera sin mirar si vienen o no coches, ante el desconcierto, los frenazos y el sonido de cláxones de los conductores. La frase final de Jack sobre su filosofía de la vida nos permite entender esta actitud: “La filosofía que tenía Marla de la vida era que en cualquier momento podía morir. La tragedia, según ella, era que no ocurriera”.
Como puede verse, la presentación que hace David Fincher de Marla es lo suficientemente amplia como para reseñar la importancia que este personaje tendrá en el devenir vital de Jack y en la creación de un ego alternativo que haga frente a las situaciones más embarazosas ante las que se encuentra el protagonista[3]. Curiosamente, las escenas de la presentación de Marla son de las más cínicamente macabras de la película. Una escena paradigmática de este sarcasmo es la asistencia de una mujer a una reunión de hombres a los que se les han extirpado los testículos. No menos “ridícula” resulta la escena de Chloe confesando que tiene todo preparado para “echar un polvo”, por no hablar de la discusión sobre el reparto de enfermedades, en la que el sufrimiento humano aparece utilizado por los protagonistas como moneda de cambio. Ante la compradora de prendas de vestir sueltan frases como: “Yo me quedo con el cáncer de colon”. Probablemente Fincher pretendería denunciar esta utilización, pero el tratamiento que hace es tan ambiguo que tranquilamente puede interpretarse que está vanalizando el sufrimiento humano. ¿Comedia negra o drama? Los comentarios del director y de los protagonistas parecen apuntar en la primera dirección. Lo que parece claro es que las escenas de la presentación de Marla expresan con bastante tino hasta dónde puede llegar la degradación moral, y por ello mismo, aunque el director trate de ridiculizarlo, son escenas que causan cierta desazón en el espectador.
Capítulo VIII: Una ración individual de Jack
En este capítulo se nos presenta una crítica del estilo de vida del protagonista, condenado a viajar a todos los rincones del país para llevar a cabo los peritajes de accidentes de coche. Las primeras imágenes que aparecen son las de Jack despertando en los aviones de turno al aterrizar en diversos aeropuertos. Más tarde se ve al protagonista en varios aeropuertos hablando de horarios con las azafatas y mirando al reloj mientras dice “esa es tu vida y se está acabando por minutos” . “Te despiertas en los aeropuertos de Seattle, San Francisco, Los Angeles o bien en el de Chicago... Vas de la hora del Pacífico a la de las Rocosas, pierdes una hora, ganas una hora”. Entre los planos de los aviones y los de los aeropuertos Fincher intercala dos planos, uno general y otro americano, relativos al trabajo de Jack que chocan con la estética de la mayoría del resto de la película. Son dos planos exteriores en los que se muestran un coche de policía, otro accidentado, al policía y a Jack, haciendo éste sus labores de peritaje. Digo que contrastan con las imágenes del resto de la película porque además de ser imágenes en exterior, son imágenes muy luminosas comparadas con gran parte del resto del filme, parece que filmadas a la luz del sol. Fincher ha buscado dar un tono sombrío al filme y aprovecha cualquier situación para presentarnos imágenes en las que predomina lo negro. Aquellas en las que no tiene más remedio que introducir la luz, lo hace dándole unos tonos tirando a grisáceos o azulados, luces, pero de connotaciones crepusculares más que relativos a la aurora.
A continuación viene otro plano de Ed. Norton en una escalera mecánica de otro aeropuerto, pero al cruzarse con los que van en sentido contrario, la cámara fija su atención en un pasajero, que no es otro que Brad Pitt (Tyler). Es la primera aparición no subliminal de Tyler Durden, que coincide con una voz en off que nos sugiere: “si te despertaras a otra hora, en otro lugar, ¿te despertarías siendo otra persona?”.
Planos de una azafata sirviéndole una consumición mientras la voz en off de Jack nos habla de que todos los viajes se reducen a raciones individuales. Varios planos detalle de los productos que uno se puede encontrar en un avión o en un hotel, a los que siguen otros en los que se le puede ver en la habitación de un hotel viendo la televisión. Lo mismo ocurre según él con aquellas personas que te encuentras: “Viaje a donde viaje la vida es simple: raciones individuales de azúcar, de mantequilla, de leche, bandeja de pollo... Las personas que conozco en cada vuelo son mis raciones individuales de amigos. Entre el despegue y el aterrizaje es el único tiempo que compartimos”.
Una vez criticado su ritmo de vida y expresado su desencanto vital, la sensación de que está desaprovechando su vida, Jack pasa a criticar la subyugación de principios éticos tan inviolables como la vida humana a intereses económicos en su propio trabajo, o el cinismo de sus compañeros peritos al comentar la muerte en accidente de una familia. La cámara se sitúa en el interior de un garaje en el que hay un coche calcinado como consecuencia de un accidente. Tres peritos, entre ellos Jack, abren la puerta para proceder a analizar la situación del vehículo. Se intercalan los comentarios cáusticos de los peritos que acompañan a Jack con el relato que este último hace a una compañera de viaje de los criterios que tienen a la hora de actuar cuando un coche de su empresa sufre un accidente. “El aparato dental del adolescente se incrustó en el cenicero del asiento trasero. Sería una buena publicidad antitabaco”, señala un perito. “El padre debía de ser muy corpulento. ¿Ves esa grasa quemada pegada al asiento con la camisa de poliéster? Parece arte moderno”, añade el otro un poco más tarde (risas). Jack explica a su acompañante, mientras viajan en avión, el protocolo que siguen a la hora de decidir si llamar o no a la fábrica: “a) Se toma el número de vehículos de ese modelo; b) se multiplica por el índice de probabilidades de fallo; c) se multiplica por el acuerdo económico acordado sin ir a juicio. A.B.C = X. Si el resultado es menor de lo que costaría una llamada a fábrica, no la hacemos”. (Plano-contraplano de Jack y de la mujer que le escucha en el avión). A la pregunta de la mujer sobre si hay muchos accidentes de ese tipo y sobre si la compañía para la que trabaja es importante, Jack responde afirmativamente.
Capítulo IX: Tyler
El desaliento ante la vida que lleva hace a Jack desear un accidente de avión como el que escenifica su imaginación a continuación. La razón que esgrime para su deseo es que en muertes por viajes de negocios el seguro paga el triple, una lógica bastante contradictoria a no ser que se persiga como objetivo supremo fastidiar a la compañía de seguros. Pero el accidente que aparece en pantalla no es más que un sueño. En él la cámara nos presenta el interior de un avión por medio de un barrido de adelante hacia atrás, como siguiendo la dirección del aire que se introduce, cuando colisiona y hace a éste inclinarse hacia delante. El efecto visual, también en esta ocasión, está creado por ordenador.
Cuando Jack despierta, encuentra a su lado a un joven que está leyendo las instrucciones para casos de emergencia. La cámara nos muestra un primer plano de Jack al principio para pasar luego a planos medios laterales de Jack y Tyler en plano-contraplano. Es la presentación al espectador de Tyler, un individuo que se muestra muy seguro en sus convicciones y que parece estar por encima de todas las convenciones al uso. La voz de Tyler: “Si su asiento está al lado de una salida de emergencia o bien si se siente incapacitado para cumplir las funciones descritas en las medidas de seguridad, pídale al asistente de vuelo que le cambie de asiento... ¿Para qué la salida de emergencia a 10.000 metros de altura? Ilusión de seguridad... ¿Por qué los aviones llevan mascarillas de oxígeno?”. “Para poder respirar”, le contesta Jack. Tyler argumenta que el oxígeno te coloca, que en caso de emergencia se respira hondo debido al pánico y que de ese modo te vuelves eufórico, dócil y aceptas el destino. “Está todo ahí” le dice al mostrarle un folleto para aterrizajes de emergencia. La cámara nos muestra un plano de los dibujos del supuesto aterrizaje, mientras Tyler sostiene que tienen “caras inexpresivas, tranquilas como vacas hindúes”. Jack no puede disimular su fascinación y le asegura que es una teoría interesante. Después le pregunta por su ocupación, a lo que Tyler le suelta: “¿Por qué? ¿Para fingir que te interesa? Noto un desespero enfermizo en tu risa”. Tyler coge su maleta y Jack se da cuenta de que es idéntica a la suya (Fincher nos presenta aquí uno de los numerosos guiños para sugerir la escisión de la identidad del protagonista). Luego responde que se dedica a fabricar jabón, que “la civilización se mide por su consumo”. Le explica también las posibilidades del jabón como materia para la fabricación de explosivos, ante lo que Jack afirma: “Tyler, te aseguro que eres la ración individual más interesante que he conocido”, por si quedaba duda del magnetismo que Tyler ejerce sobre Jack. Sentado al lado de la ventana, cuando Tyler se levanta para dejar el asiento, deja una vez más constancia de su actitud provocativa y poco convencional al preguntar a Jack: “Ahora una cuestión de etiqueta: cuando pase, quieres que te ofrezca el culo o la bragueta”.
La escena siguiente nos muestra a Jack preguntado a un empleado del aeropuerto por su maleta. Se mantiene un diálogo en clave de comedia sobre los objetos que vibran como las maquinas de afeitar y los consoladores, y al final Jack tiene que abandonar el aeropuerto sin maleta. Al fondo se ve a Tyler robar un deportivo rojo y a su dueño correr tras él. Así es como Jack conoce a Tyler Durden, y esa es también la manera en que el director presenta el personaje al espectador. En la novela de Chuck Palahniuk Jack y Tyler se conocen en una playa nudista.
Capítulo X: El bonito piso de Jack en llamas
La nueva escena comienza con un travelling lateral de un taxi amarillo en el que viene el protagonista del aeropuerto. Fuera se ven luces de emergencia como las de los bomberos, la policía o las ambulancias. La voz en off de Jack hace una descripción irónica de algunas de las características del apartamento en que vivía: paredes de hormigón, vecinos... Al salir del taxi observa que hay gente alrededor del edificio en que está su apartamento. La cámara sigue a su mirada, que se dirige al decimoquinto piso, y ve que de allí no sale más que humo. Una explosión ha expelido todos sus efectos personales por la ventana, que ahora se encuentran esparcidos por la calle, destrozados. Jack ironiza (en off) sobre la importancia de que las paredes fueran de hormigón.
La cámara acompaña de nuevo a su mirada, que observa todos sus enseres esparcidos junto al camión de bomberos. Cuando se dirige a la puerta del edificio, el portero señala con gesto compasivo: “Arriba ya no hay nada. No puede entrar en el edificio. Son órdenes de la policía.” Jack se da la vuelta y se va caminando muy despacio, con una música de fondo suave que nos ayuda a unirnos a su desolación. El portero le pregunta si quiere que llame a alguien. Jack ni siquiera se da la vuelta para responderle. Sigue centrado en sus objetos destruidos por la explosión, entre los que encuentra en un papelito el teléfono de Marla Singer (plano detalle).
Las imágenes del trayecto hacia la cabina de teléfono se intercalan con las de la explosión. La voz en off nos relata la versión de la policía: la acumulación del gas procedente de un escape durante días pudo hacer que alguna chispa hiciera volar el apartamento. En pantalla vemos las imágenes del foco del escape, de la supuesta expansión del gas y de la explosión. Para mostrar todo esto se utiliza la técnica de la fotogrametría. Por ello son imágenes muy parecidas, en cuanto a su hechura técnica, a las que habíamos visto al comienzo de la película cuando la cámara viajaba por entre las paredes de los edificios que estaban a punto de explotar. Las imágenes, entre las que se insertan planos detalle de los principales objetos, dan cierta sensación de virtualidad.
Una vez en la cabina, se dispone a llamar a Marla, pero al oír su voz al otro lado del hilo, cuelga el teléfono. Mete la mano en el bolsillo y se encuentra con la tarjeta de Tyler (plano detalle). La voz en off de Jack comenta: “Si me lo preguntarais no sabría deciros por qué le llamé”. Planos de la moneda y de los dedos marcando el teléfono. La cámara empieza después a girar alrededor de la cabina. Nadie responde a la llamada de teléfono, pero cuando cuelga, éste suena. Fuera es de noche y se puede ver el fulgor rojizo intermitente de las luces de emergencia. Al sonar el teléfono, la cámara toma un primer plano de Jack, como para expresar la importancia del dilema ante el que se encuentra. Después el objetivo va acercándose al teléfono para acabar dándonos un plano detalle de éste. Lo coge impulsivamente y la voz al otro lado pregunta “quién es”. La cámara comienza otra vez a girar alrededor de la cabina, mientras Jack trata de explicar a Tyler quién es. Tyler le comenta que nunca descuelga, pero que ha sentido curiosidad. “¿Qué quieres?”, le pregunta. “No lo vas a creer”, responde Jack. La imagen siguiente prepara el segundo encuentro entre Tyler y Jack.
Capítulo XI: Lamento por un sofá
Comienza con un plano general externo de un bar en la noche. El siguiente plano es uno medio de Tyler con una jarra de cerveza en la mano. Los dos protagonistas entablan un interesante diálogo sentados alrededor de una mesa mientras beben cerveza. La cámara nos muestra la seguridad de Tyler (ligero contrapicado) y la admiración y sensación de inseguridad de Jack, aunque en las palabras de Tyler no haya muchas ideas nuevas respecto a las que ya habíamos oído de boca del propio Jack sobre la crítica de la sociedad consumista. De todos modos, no se puede negar el interés del guión de este fragmento, a pesar de que el discurso de Tyler es bastante contradictorio, o quizás por ello.
“Peor hubiera sido que una furcia te hubiera cortado el rabo mientras dormías y luego lo hubiera tirado en un estercolero (plano medio de Tyler con una jarra de cerveza). “Eso podría ocurrir. Verás, es que cuando compras algo sueles decirte: eso, eso es lo que necesito y lo quiero pase lo que pase. Tenía el problema solucionado. Lo tenía todo. Tenía un buen equipo de música, un armario que rebosaba ropa de marca. Estaba acercándome a la realización personal” (contraplano de Jack). “Y ahora ya no te queda nada. Lo superarás” (Tyler). Ahora toma la batuta del diálgo Tyler para criticar el modelo de realización consumista. “¿Sabes lo que es una nórdica?” “Un edredón”, contesta Jack. “Sí, una manta, una simple manta. ¿Por qué dos tipos como nosotros sabemos eso? ¿Acaso resulta esencial para nuestra supervivencia en el sentido primitivo de la palabra? No. Entonces, ¿qué somos?”. “Qué se yo, consumidores”, responde Jack. “Así es, consumidores, subproductos obsesionados por un estilo de vida. Asesinato, delito, pobreza, son cosas que no me incumben. Lo que sí me importa son las revistas de famosos, la televisión con quinientos canales, el nombre de alguien en mi ropa interior, crecepelos, viagra, sucedáneos... Todo eso se está hundiendo. Que os follen a ti y a tu sofá diseñado con rayas verdes. En mi opinión, nadie debe realizarse. Yo digo: deja de ser perfecto. Yo digo: evolucionemos, no intentemos cambiar el futuro. Mi postura es esa, pero podría acabar en una enorme tragedia”. “No, sólo son objetos. No es ninguna tragedia”, responde Jack. “Lo cierto es que has perdido muchas soluciones versátiles para la vida moderna... Lo que posees acabará poseyéndote, pero haz lo que quieras”, acaba Tyler.
La cámara nos presenta a los dos a la puerta del bar en plano general. Jack le agradece a Tyler la cerveza. “Buscaré un hotel”, comenta luego. Tyler le recrimina que sólo tiene que pedírselo, que han bebido tres jarras de cerveza y aún no le ha pedido un refugio, que esa es la razón por la que le ha llamado. (La mayoría de este diálogo se desarrolla en plano americano). Al final Jack se lo pide. Tyler accede, pero a cambio le pide un favor ( de nuevo alternancia entre plano general y americano). “Golpéame lo más fuerte que puedas” (junto con estas palabras la pantalla nos muestra dos planos medios en plano-contraplano de ambos protagonistas).
Capítulo XII: Trabajos raros
Antes de que Jack obedezca a Tyler y le suelte un puñetazo en la oreja, afirma: “Creo que es conveniente que os hable un poco de Tyler”. En realidad, de lo que nos va a hablar va a ser de sus excentricidades, de las extrañas tareas que lleva a cabo en sus trabajos nocturnos. La escena comienza con un fotograma de la parte superior de una lámpara a la que sigue otro de un pene erecto procedente de una película pornográfica. Más tarde se ve a Jack frente a la cámara como si fuera un presentador de televisión haciendo un reportaje sobre la vida de Tyler. Al fondo de la cabina de proyección – uno de los trabajos de Tyler es el de proyeccionista – se ve a Tyler manipulando la cinta para insertar fotogramas porno entre las bobinas de las películas convencionales. No es que le entusiasme su trabajo, sólo lo acepta porque le ofrece otras oportunidades, “como la de empalmar fotogramas de pornografía en películas aptas” (Tyler). En esta escena se entremezclan la voz en off de Jack al principio, su voz directa y la de Tyler.
La cámara nos presenta a continuación una sala de proyección donde suena una música como de cine de animación y, de repente, se oye un suspiro y la cámara enfoca a una mujer y unos niños que se miran. “Nadie sabe lo que ha visto, pero lo han visto”, comenta Jack. “Una suntuosa y enorme polla”, añade Tyler. “Ni el mejor detective descubriría el trabajito”, acaba Jack después de que la cámara nos presente a una niña llorando en la sala.
En la imagen siguiente vemos a Tyler sirviendo en un restaurante de un hotel de lujo. Jack está sentado de espaldas a una de las mesas, pero se gira y comienza a hablar a la cámara como para un reportaje. Ya en una sala interna del restaurante se ve a Tyler desabrocharse los pantalones y mear sobre la comida. “Era el terrorista más activo de la industria del catering. Aparte de aderezar la sopa de langosta, escupía en los merengues, estornudaba sobre las endibias al vapor y en cuanto a la sopa de champiñones, bueno... imagináoslo”. De este modo acaba la presentación en forma de reportaje que hace Jack de Tyler.
Capítulo XIII: Golpéame
La película retoma la escena anterior al paréntesis de la presentación de Tyler. La discusión en torno a la conveniencia o no de que Jack golpee a Tyler está rodada en planos medios. Jack le pide una razón, Tyler responde que no sabe el porqué. Ante eso, Jack ironiza diciendo que él tampoco, pero que “es divertido”. “¿Cómo vas a conocerte si nunca te has peleado?”, pregunta Tyler. La cámara pasa a plano general. “No quiero morir sin tener cicatrices (deja dos botellas vacías de cerveza en el suelo). Rápido, golpéame antes de que me raje”, insiste (plano americano de los dos en el exterior del bar). “Eso es una locura”, replica Jack, “no estoy seguro de esto”. “Yo tampoco, pero a quién le importa”, argumenta Tyler. Aunque Jack sigue sosteniendo que es una estupidez, termina por golpear a Tyler en la cara. Tyler se queja por el golpe en la oreja, pero cuando Jack le presenta sus excusas, le dice que no, que “ha sido perfecto”, y le devuelve un golpe en el estómago que deja a Jack retorciéndose de dolor junto a un coche que hay aparcado fuera del bar. Tyler se interesa por su estado. Jack asegura que duele, pero pide a Tyler que le golpee otra vez. La cámara se aleja para dejarnos observar a los dos amigos pelearse en un plano general tan lejano como el que había servido para situar el encuentro inicial de ambos. De fondo se escucha una música suave de sintetizador, donde predomina el sonido de la caja.
En el plano siguiente aparecen los protagonistas sentados al borde de una acera tomándose una cerveza con aire relajado. La pelea parece haber acabado, y como si se tratara de un partido de fútbol, los dos se dedican a comentar lo ocurrido. Junto con el ademán de darle la botella de cerveza Jack insinúa a Tyler: “deberíamos repetirlo cualquier otro día”.
Capítulo XIV: Calle Paper
Este capítulo está constituido por varias escenas cortas y sin un orden lineal lógico que tratan de introducirnos en la derruida casa de los nuevos amigos, pero sobre todo en el nuevo estilo de vida que la nueva residencia lleva incluida.
La cámara situada a la altura de Tyler y Jack les enfoca desde atrás en un plano general para situarles caminando en plena noche por lo que parece un barrio marginal o abandonado. La cámara sube para verlos alejarse y traer a primer plano el nombre de la calle: Paper ST. El plano siguiente nos los presenta más de cerca siguiendo su camino en la misma dirección frente a un edificio abandonado que se convertirá en adelante en su morada. Los siguientes planos son interiores y nos permiten ver el estado de la casa. Se tata de un edificio a punto de ser derribado: la mayoría de las ventanas tapiadas, sin cerradura en la puerta principal, escaleras a punto de caerse, paredes sucias... “No sabía si era el propietario o un ocupa. Nada me hubiera sorprendido”, subraya la voz en off. El único rasgo de la casa que llama la atención o que choca es la abundancia de luces. Sobre la cama de la habitación de Jack hay un colchón muy sucio, el agua que sale por los grifos tiene color de óxido. “Nada funcionaba. Si encendías una luz, se apagaba cualquier otra de la casa. No había vecinos, sólo algunos almacenes y una fábrica de papel”.
Viene a continuación una escena que bien podría ser la que siguiente a la de la primera pelea. Aparecen unos individuos saliendo del bar. Uno de ellos señala a los luchadores. La cámara hace un barrido lateral para enfocar a Jack y Tyler de espaldas a los que salen del bar. El siguiente plano nos presenta a estos en primer término y a los que han salido del bar acercándose a ellos. Les preguntan, “¿qué, repartiendo leña?”, pero los dos protagonistas siguen golpeándose sin apenas inmutarse.
La imagen siguiente nos lleva al urinario del lugar de trabajo de Jack, donde aparecen él, con su ojo morado, y su jefe orinando. Su jefe le mira de reojo como preguntándose qué le habrá pasado. Jack ni se inmuta, no deja de silbar, y su mirada fija hace a su acompañante desviar la mirada.
La voz en off de Jack vuelve a hacer hincapié en la situación ruinosa de la nueva casa: “En cuanto llovía teníamos que cortar el suministro eléctrico”. Pero Jack parece ir acostumbrándose rápidamente: “Tras el primer mes ya no eché de menos la tele. Ni siquiera me molestaba el mal olor que desprendía la nevera” (en la imagen aparecen los dos desconectando la corriente eléctrica en un sótano inundado).
A continuación se nos muestra otra sesión de lucha fuera del mismo bar, con gente que se les une para observar y participar voluntariamente en las peleas. Sigue a ésta una escena en que aparecen ambos jugando al golf en un barrio deshabitado, “éramos los únicos habitantes en un kilómetro a la redonda”, para retomar de nuevo la descripción de sus condiciones de vida: “La lluvia se filtraba por las grietas y la instalación eléctrica. El entarimado y las vigas de madera se hinchaban y encogían. Por todos lados había clavos oxidados donde engancharse el codo”. Todo esto nos lo dice ofreciéndonos tomas de una casa que no parece ni de lejos en condiciones mínimas para poder vivir.
Volvemos al nuevo régimen de vida de Jack. Está sentado en una habitación de la planta baja de la casa, leyendo a la luz de unas velas. Tyler, mientras tanto, se mueve por la casa en una bicicleta. Jack lee en alto las descripciones en primera persona de ciertos órganos del cuerpo, descripciones que Tyler comenta. Acaba con Tyler cayéndose de la bicicleta.
La imagen nos sitúa en una oficina en la que Jack aparece pasándose el pañuelo por las heridas causadas en la lucha del día anterior ante la atenta mirada de su jefe, que le pide unos informes. “Después de una pelea todo lo que te ocurría era de una importancia mínima, podías enfrentarte a cualquier cosa (su jefe)”. La cámara vuelve a centrarse en la vida doméstica de los dos jóvenes, en este caso con Tyler bañándose y Jack sentado a un lado mientras charlan sobre con quién les gustaría pelear. Jack escoge a su jefe, Tyler a su padre. “No conozco a mi padre. Bueno le conozco, pero se fue de casa cuando yo tenía seis años. Se casó con otra mujer y tuvo más hijos. Por lo visto hacía lo mismo cada seis años. Se iba a otra ciudad y formaba otra familia”, le comenta Jack. “El muy cabrón montaba concesionarios”, añade Tyler. A continuación comienza a contar las etapas de su vida: la universidad, el trabajo... Cuando encontró trabajo le preguntó a su padre qué era lo siguiente. “Cásate”, fue su respuesta. “No puedo casarme. Soy un niño de treinta años”, confiesa Jack. “Somos una generación de hombres criados por mujeres. Me pregunto si otra mujer será realmente la respuesta que necesitamos”, culmina Tyler.
“La mayor parte de la semana éramos como el matrimonio perfecto (escena de Jack preparando café y abrochándole la pajarita), pero cada sábado por la noche descubríamos algo (escena del exterior del bar con gente alrededor de una pelea). Nuestro más importante descubrimiento fue que no estábamos solos”. Después Jack compara a vida que llevaba antes con la que llevaba con Tyler. Curiosamente lo hace mientras observa cómo sale Marla de un grupo de aquellos a los que antes asistía, como si ella fuera la razón de su cambio de vida, idea que, por otra parte, él ya había expresado al principio. “Antes cuando volvía a casa enfadado o deprimido me ponía a limpiar el apartamento, enceraba mis muebles escandinavos. Tendría que haber buscado otro apartamento y haber regateado con mi compañía de seguros. Incluso debí enfadarme al ver que todas mis cosas se quemaron, pero no hice nada”. Luego se muestra otra escena en la que Jack aparece en una reunión de trabajo un lunes. Confiesa que su única ilusión durante la semana era que llegara el sábado para poder pelearse. Cuando el cliente se dirige a Jack, éste le enseña su boca ensangrentada, ante la mirada atónita de todos los presentes, incluido su jefe.
Capítulo XV: Bienvenido al “Club de la Lucha”
“Todos lo tenían en la punta de la lengua. Tyler y yo sólo le pusimos nombre”. Cámara en picado desde un lateral que recoge el momento en el que un grupo de jóvenes entra en el bar de siempre. Jack y Tyler son seguidos por la cámara por detrás en su entrada al bar. Sus pasos parecen ir al ritmo que marcan los acordes de la guitarra eléctrica y la batería que suenan en el bar. Panorámicas del bar que acaban donde se encuentran los protagonistas. Parecen escenas de video-clip. El dueño invita al resto de los clientes a marcharse y conduce a Jack , Tyler y sus acompañantes a un subterráneo donde Tyler enuncia ante todos las normas de El Club de la Lucha. “Cada semana Tyler explicaba las reglas que ambos habíamos decidido: “Caballeros, bienvenidos al Club de la Lucha (cámara fijada primero en Tyler y luego en detalles de varios de los asistentes, para volver a Tyler cuando acaba con las reglas. Luego se muestra una pelea jaleada por los que la rodean) Primera regla: no hablar del Club de la Lucha; segunda : no hablar del Club de la Lucha; tercera regla: Si uno grita “alto”, se desploma o se desmaya, la pelea se acaba; cuarta regla: sólo dos tíos por pelea; quinta: una pelea cada vez. Sexta: sin camisa y descalzos; séptima: las peleas durarán todo lo que haga falta; octava: Si es tu primera noche, tienes que pelear”.
Aparecen imágenes muy violentas de los avatares de los enfrentamientos. La voz en off de Jack comenta que cuando peleaban hasta los empleados más insignificantes se sentían importantes, como dioses. “En ninguna parte te sentías tan vivo como allí, pero El Club de la Lucha sólo existía durante las horas que estaba abierto. Aunque hubiese podido decirle a alguien que había peleado bien no estaría hablando con el mismo hombre. En El Club de la Lucha no actuabas igual que en tus actividades diarias. Cuando alguien venía al club por primera vez tenía el culo blando como la masa del pan. Al cabo de unas semanas estaba esculpido en madera” (Esto último se simultanea con las imágenes de un compañero de trabajo con magulladuras que saluda a Jack y de un camarero que hace otro tanto).
Plano de tres cuartos de Brad Pitt y Ed Norton andando por una acera de noche. La cámara se sitúa frente a ellos y se desplaza al ritmo de sus pasos. Por primera vez en el filme vemos a Jack fumar (es algo habitual en Tyler). Suben a un autobús y se colocan de pie uno frente a otro con una mano en alto agarrando la barra del vehículo. Critican los modelos de cuerpo que presentan la publicidad (anuncio de ropa interior de Gucci en el interior del autobús): “Todos empezábamos a percibir las cosas de otro modo. Adondequiera que fuéramos hacíamos un análisis de todo. Compadecía a los tipos que se amontonaban en gimnasios intentando tener el aspecto dictado por Calvin Klein...”(Jack en off) “La autoperfección es simple masturbación, pero la autodestrucción...” (Tyler).
Más imágenes de peleas en el club. Es Tyler quien golpea mientras Jack mira complacido su victoria y el resto jalea. Luego es Jack, que no tiene más remedio que parar una pelea que le lleva al hospital. “En el FC no era cuestión de ganar o perder, no era cuestión de paradas. Los gritos histéricos eran letanías como las que se podían oír en una iglesia. Cuando terminaba el combate, nada se había resuelto, pero no importaba. Después todos nos sentíamos salvados”.
Imagen de una consulta en la que aparece Jack en primera instancia siendo curado por un médico. Al fondo está Tyler, sentado. “Me caí por las escaleras”, le dice Jack al médico repitiendo las palabras de Tyler. Luego los localizamos en el servicio de su casa. Tyler se corta las uñas mientras Jack se limpia los dientes. Tratan de elegir la figura histórica contra la que les gustaría luchar: “Pelearía con Gandhi”, dice Jack, Tyler apunta su preferencia por Lincoln. Jack se saca con los dedos una muela de su boca frente al espejo. “Hasta la Mona Lisa envejece”, ironiza Tyler.
Capítulo XVI: Desecho humano infeccioso
Sonido de teléfono junto con un zoom de acercamiento al aparato. Jack descuelga el teléfono. Al otro lado está Marla, que le pregunta por su paradero durante las últimas semanas. Ella sabe que él no ha asistido a los grupos porque se ha saltado las reglas que ambos acordaron. Mientras hablan Tyler aparece al fondo de la habitación practicando artes marciales. Marla está tumbada en la cama. Cuando Jack le comenta que ha encontrado un grupo nuevo, ella se incorpora interesada. “Sólo para hombres”, aclara él. Sobre su mesa de noche se ven un frasco de pastillas vacío y otro lleno. Como ella misma dice, más que un intento de suicidio es una llamada de socorro, pues sólo morirá si se duerme. Él observa que no es el momento adecuado para hablar, que tiene que colgar. “¿Quieres esperar a que te describa cómo es la muerte, quieres averiguar si mi espíritu sabe usar el teléfono?”. Él deja el teléfono descolgado y se va. “¿Has oído alguna vez un estertor de muerte?”, sigue ella.
Capítulo XVII: Follar por deporte
No se oyen estertores de muerte, pero sí de placer o de dolor. O eso es al menos lo que parece, pues en la siguiente escena vemos unas imágenes de cama en las que los cuerpos aparecen en diversas posturas, tomadas del Kamasutra según el propio director. Las posiciones de los actores presentan tanta rigidez que más que seres vivos parece que sean estatuas las que hacen el amor. Son imágenes en las que la cámara deambula de un lado a otro, en las que sólo aparece de manera manifiesta la cara de Marla, y que están acompañadas por una música con un ritmo muy marcado en la que destacan unos sonidos vocales femeninos semejantes a jadeos o suspiros. La escena parece más propia de un sueño o de una pesadilla que de la realidad. Además, el propio Jack parece despertar de un sueño a la mañana siguiente. Se levanta y encuentra algo poco usual: la habitación de Tyler cerrada y unos preservativos en la taza del baño. Se sienta a desayunar, oye a alguien bajar, supone que es Tyler y le comenta: “Jamás creerías el sueño de anoche”. “Ya, difícilmente puedo creer nada de anoche”, contesta Marla ante un Jack atónito. Le pide explicaciones sobre su presencia en aquella casa. Ahora es ella la que se extraña y enfada, dice “que te jodan” y abandona la casa.
La salida de Marla de escena coincide con la entrada en bata de Tyler, con un aire de satisfacción por la hazaña de la noche anterior. Tyler le cuenta a Jack una historia que éste ya conocía. Vio el teléfono descolgado, fue a buscarla y la encontró medio mareada. Había llamado a la policía, y cuando ésta apareció, ambos huyeron. Una vez en la casa de Paper ST ella le informó: “Te lo advierto, si me duermo, estoy acabada. Tendrás que mantenerme despierta toda la noche”. Después de acabado el relato, Tyler y Jack siguen hablando sobre ella mientras desayunan. Tyler le pregunta si se la ha follado. Jack responde que nunca, pero no porque no le guste follar. “Es una depredadora haciéndose pasar por una gatita. Aléjate de ella”, le ordena Tyler. Pero a continuación le cuenta con todo detalle lo bien que se lo pasó con Marla. Aparece una imagen de ambos tumbados boca arriba en la cama después del acto sexual para hacer referencia a los exabruptos que según Tyler salían de su boca. Ella dice: “Señor, nadie me había follado así desde la escuela primaria”.
Jack sigue insistiendo en que Tyler se deshaga de ella. “Marla no necesita un amante, necesita un asistente social”. “Y un baño, no es amor, folla por deporte”, completa Tyler. “Ya había invadido mis grupos de apoyo y ahora invadía mi casa”, añade la voz en off. A continuación Tyler prohíbe a Jack hablar de él a Marla o a ninguna otra persona (ambos sentados a la mesa): “No permitiré que le hables de mí. Si le comentas algo de mí o sobre lo que pasa en esta casa a ella o a quien sea, hemos acabado. Prométemelo...”, y se lo hace prometer tres veces. “Si sólo hubiera perdido unos minutos para visitar a Marla Singer antes de su intento de suicidio, nada de esto habría ocurrido”. Las escenas siguientes tienen como punto en común la omnipresencia de los suspiros, gritos de dolor-placer y golpes mientras Jack realiza cualquier actividad. Primero vemos a Jack haciendo abdominales, después leyendo, y por último cortando el flujo de la corriente eléctrica. En todas ellas se le ve desesperado ante la exageración de los gemidos. En una ocasión se pone a mirar desde detrás de la puerta, sale Tyler, le pregunta qué hace allí y le sugiere que acabe él lo que Tyler había empezado, pero Jack se niega. Esta es la única vez en que, aunque sea de refilón, aparecen los tres juntos. La monotonía de los suspiros sigue: “Me convertí en el pequeño centro tranquilo del mundo. Yo era el maestro zen”, dice la voz en off mientras se cepilla los dientes ante el espejo del lavabo.
Imagen de la pantalla del ordenador en el trabajo. Jack está escribiendo un poema que luego manda por correo electrónico a sus amigos. Aparece el jefe y le pregunta si es suya la sangre que lleva en la ropa. Le responde que en parte sí. El jefe le reprocha que fume y le manda tomarse el día libre y regresar el lunes con ropa limpia ante la mirada indiferente de Jack. “Coja las riendas de su vida”, culmina. Escaleras abajo, fuera de la oficina, no puede evitar las miradas, pero él está orgulloso, lleva la cabeza bien alta. “Sí, ahora me siento cómodo, al fin he visto la luz”, asegura la voz en off de Jack.
Al entrar a casa la voz en off se lamenta de tener que aguantar los suspiros de los dos amantes al llegar a casa. Comienza a limpiar la ropa y suena el teléfono. Mantiene una conversación con un investigador de policía que le comunica que el incendio de su apartamento fue provocado, y con explosivos de fabricación casera. Aparece en escena Tyler diciéndole que la destrucción de sus objetos y el abandono de su casa le han liberado. “Rechazo los puntales básicos de la civilización, especialmente las posesiones materiales” (Tyler). Jack insiste al agente en la importancia de cada objeto de los que perdió para su identidad personal. “Dile que lo hiciste tú, fuiste tú quien lo volaste. Eso es lo que quiere que digas”, sugiere Tyler y se va escaleras arriba.
Otra vez la relación entre Tyler y Marla. “Excepto cuando echaban un polvo Tyler y Marla no se encontraban nunca en la misma habitación. Mis padres actuaron igual durante años”. Jack sigue lavando su ropa, como antes de que llamara el policía. Marla aparece, se acerca a él por detrás y le pone la mano en la entrepierna. Él parece perplejo y se muestra esquivo con ella. Marla desaparece de escena con la cámara siguiéndola y cuando ésta última vuelve a la cocina, aparece Tyler, que le dice a Jack: “Deshazte de ella”. Más perplejo todavía, Jack le contesta que es él quien ha de liberarse de ella. Marla vuelve a entrar en escena justo cuando Tyler desaparece. “Vuelvo a tener seis años pasando recados entre mis padres” (voz en off). La cámara, con un desplazamiento lateral, vuelve a introducirla a ella en escena. Él la invita a que se vaya, y ella le replica que está loco, que no puede molestarse en entenderlo. Marla abandona la casa cantando una canción infantil. La cámara la sigue a través del cristal de la puerta. A un primer plano de Jack que observa su marcha le sigue otro de cuerpo entero de Tyler. Cuando Jack le recrimina perder el tiempo con ella, Tyler sale en su favor. “Te diré algo: al menos ella quiere tocar fondo”. “¿Y yo no?”, pregunta Jack. “Sabrás que el hábito no hace al monje”, sentencia Tyler.
La conversación entre ellos da un vuelco y se centra en la actividad para esa noche: la fabricación de jabón, para lo cual necesitan derretir grasa.
Capítulo XVIII: La fórmula secreta del jabón de Tyler
Travelling lateral de Jack y Tyler corriendo durante la noche. Tyler lleva un saco en la mano. Saltan una verja metálica y se esconden detrás de un container. Sale un guarda de seguridad con una linterna. No ve nada. Tyler informa a Jack de que se han introducido en una clínica de liposucción para robar grasas humanas, las mejores para la fabricación de jabón según él. Otro travelling lateral que los acompaña a un container del que sacan bolsas transparentes de plástico llenas de una sustancia rosácea que debe de ser grasa humana. Al sacar dichas bolsas por la verja, una de ellas se agujerea y la grasa pringa a Tyler. Los planos siguientes nos presentan una mano encendiendo el butano y una sustancia hirviendo. Tyler explica a Jack el procedimiento para fabricar jabón con la grasa, y nitroglicerina o dinamita con el jabón. “Tyler estaba repleto de información útil”, confiesa Jack.
Capítulo XIX: Quemadura química
Este episodio es otra puesta en escena al servicio de una de las ideas básicas que se desarrollan a lo largo de la película, idea que nos había aparecido en los grupos de apoyo y que se repite aquí con la quemadura química, a saber, el principio ético de que la libertad surge de la desesperanza.
Sigue el discurso magistral de Tyler. Invita a Jack a acercarse a él. Se pone unos guantes y unas gafas y le enseña un frasco que contiene lejía. Le pide que extienda la mano, se moja los labios con saliva y besa la mano de Jack, que no puede salir de su asombro. De pronto, Tyler coge un frasco y rocía su contenido sobre la mano besada y le dice: “Esto es una quemadura química. Duele más que cualquier quemadura y deja cicatrices”. Jack se agacha y grita por el dolor, no puede soportarlo, pero Tyler sostiene con firmeza su mano y no le deja hacer nada. Aparecen algunos planos del producto químico sobre la mano de Jack y de éste tratando de evitar el dolor. Tyler ensalza el papel del dolor en el progreso de la civilización y le echa en cara tratar de evitarlo por medio de técnicas aprendidas en los grupos de apoyo. “Sin dolor ni sacrificio no tendríamos nada”. Pero Jack sigue tratando de evadirse, de ir a su cueva a buscar al animal del poder desesperadamente. Allí no aparece más que Marla. Cuando ya parece poder evadirlo, Tyler lo golpea. “El momento más importante de tu vida y tú te evades perdiéndotelo”. Jack sigue gritando por el dolor. “Nuestros padres fueron modelos de Dios. Él nunca quiso tenerte. Con toda probabilidad él te odia, pero no es lo peor que pueda ocurrirte. No le necesitamos. Que se jodan la maldición y la redención. Somos hijos no deseados de Dios. Así sea”. Jack sigue destrozado. Es informado por Tyler de que el vinagre puede neutralizar su quemadura, pero que antes ha de rendirse y no tener miedo, saber que algún día morirá. “No sabes cuánto duele”, replica Jack, ante lo que Tyler le enseña su mano quemada. “Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar”. “Está bien”, dice Jack. Al verlo dispuesto a soportar el dolor, Tyler suelta su mano, mientras se ve cómo actúa el compuesto sobre la mano temblorosa de Jack. Tyler vierte vinagre sobre la mano de Jack y éste se desploma en el suelo. “Enhorabuena, estás a un paso de tocar fondo”.
La siguiente escena nos trae a Jack y Tyler vendiendo el jabón en una tienda de cosméticos. La compradora les dice que es el mejor. “Era maravilloso. Les vendíamos a las mujeres ricas sus propios culos celulíticos”, comenta Jack en off, como queriendo dejar patentes las contradicciones más irrisorias del sistema capitalista.
El filme retoma la relación laboral de Jack con su jefe. Éste, de pie, lleva, como deja entrever en off Jack, su corbata amarilla. Jack, en cambio, aparece sentado, sin corbata y más descuidado que nunca. El jefe viene con un papel de la fotocopiadora en el que figuran las reglas del FC (El Club de la Lucha). Al principio Jack parece asustado, pero pronto cambia de ademán y avisa a su jefe de que tenga cuidado con quién habla del asunto, porque la persona que lo escribió es peligrosa, podría coger un arma e ir disparando a cualquiera de un despacho a otro. El principio de la escena está rodado en plano-contraplano con el jefe de pie y Jack sentado. Conforme la postura de Jack se hace más desafiante, se levanta, se le acerca y mira de arriba abajo a un jefe que no puede dar crédito a sus ojos y oídos. El rostro de Jack, su mirada, sus ojeras, asustan a su jefe. “De mi boca salían las palabras de Tyler”, afirma al arrancar de golpe el folio de manos de su jefe. Suena el teléfono en la oficina, Jack lo descuelga. Es Marla la que llama. “Disculpe, es confidencial”, le dice a su jefe, que ni pestañea. Luego abandona el despacho de Jack mirándole como quien se aleja de un loco.
Marla quiere que vaya a visitarla para auscultar sus pechos y ver si tiene algún bulto. Él va a verla, hace lo que ella le ha pedido y no encuentra nada. Ella se lo agradece, le da un beso poco efusivo en los labios y Jack abandona la casa. Curiosamente, aunque entre la entrada y la salida de Jack no parece mediar mucho tiempo, Fincher, como en otras tantas ocasiones, aprovecha para hacer de noche la siguiente escena. Al salir del portal mira hacia arriba. Ve la luz encendida y se queda pensativo. La cámara nos ofrece primero un picado suyo y luego un contrapicado de la luz. Emprende la marcha y oye que alguien le llama. Se da la vuelta y ve a Bob, que le abraza como solía en los grupos de apoyo. Bob dice encontrarse mejor que nunca, que ha encontrado un lugar mucho mejor que todo lo anterior, un lugar cuya primera regla es que no debe hablar de él, la segunda... hasta que Jack le dice que también es socio. Bob comienza a contarle los rumores sobre Tyler. “Es un gran hombre. ¿Qué sabes de Tyler Durden?”, concluye. La cámara nos lleva ahora a la lucha entre Jack y Bob con el entusiasmo habitual de los asistentes. Salen los dos del club como amigos, con sus brazos en sus respectivos hombros. Se acercan a la cámara. Bob está entusiasmado y no para de repetir con énfasis “gracias”.
Capítulo XX: Los hijos de la historia
Si algo define este episodio es la continuación de la crítica de una civilización marcada por el consumo, pero si cabe añadiendo un elemento más: la frustración de una generación. Frustración generada como siempre por la no satisfacción de un deseo o una esperanza. Fama, riqueza, vida fácil, se ofrecen, según esta crítica, a todos en la televisión, uno de los símbolos más representativos de esta sociedad. Pero la vida de la televisión es ficticia y la conciencia de ello produce frustración, cabreo.
“El FC era mi obsequio y el de Tyler , nuestro obsequio al mundo”. En pantalla se muestra un plano medio de Tyler fumando en contrapicado en una de las sesiones del FC. La cámara sube al tiempo que Tyler se quita la chaqueta y dice: “Miro a mi alrededor y sólo veo caras nuevas (risas). ¡Silencio! Significa que muchos habéis violado las dos primeras reglas del club (plano medio con Tyler de espaldas con gente a su alrededor. Planos de individuos concretos. Tyler arroja el cigarrillo y comienza a andar entre la gente) Quiero en el FC los más fuertes y más listos de la zona. Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas. Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados”. La mayor parte de este discurso, en el que Tyler alterna momentos en los que camina con otros en los que está más parado, está filmado con planos medios que nos permiten seguir al protagonista y ver también a la gente que le rodea. Acaba con un primer plano y uno general en el que se observa que la gente asiente sin rechistar a todo lo que dice Tyler.
Tyler comienza a enunciar las reglas del FC. Se oye un ruido y la cámara nos conduce a la escalera, por la que bajan un hombre trajeado y su guardaespaldas. Es el dueño de la taberna. Pide explicaciones a Tyler sobre el uso del local, a lo que Tyler responde que llegaron a un acuerdo con Irvin, empleado que en palabras del dueño está con una clavícula rota y no tiene autoridad para dejarles usar el sótano. Lou, así se llama el propietario, les manda abandonar el subterráneo. Tyler invita a ambos a unirse al club. El dueño insiste en que se marchen y ante la impasibilidad de Tyler, le golpea en el estómago. Tyler, de rodillas, sigue diciéndole que no oye lo que le pide. Le vuelve a golpear dos veces, ahora en la cara. Ante la inquietud de los miembros del club, el gorila les amenaza con una pistola y Tyler les pide tranquilidad. Sigue en sus trece provocando a Lou, que se ensaña con él, pero Tyler se mofa mientras se arrastra por el suelo. Cuando Lou cree haberle dado el golpe de gracia y le da la espalda, Tyler se abalanza sobre él, lo tumba boca arriba y empieza a sacudir la cabeza y a pringar con su sangre a Lou mientras le aprieta el nudo de la corbata hasta casi asfixiarlo. Lou no tiene otro remedio que concederles el uso del local y lo abandona despavorido, acompañado por su guardaespaldas. Los miembros del club recogen a Tyler y le ayudan a sentarse. Éste les manda una tarea para la semana: tienen que provocar una pelea con un desconocido, pero una pelea que han de perder.
Capítulo XXI: Tarea
Si hay escenas en clave de comedia en esta película lo son sin duda las de este capítulo, más bien que comedia diría que de cine cómico. Tres miembros del FC se esfuerzan por hacer enfurecer a la gente, por ser golpeados, en definitiva. Uno de ellos va a un concesionario de coches y golpea al vendedor, que al principio amenaza con llamar a la policía, pero que después acaba golpeando a su supuesto cliente. Un segundo miembro riega con una manguera (¿homenaje o evocación de la película de los Lumiére?) a todo el que pasa por delante de su taller. El tercero se dedica a seguir y empujar a la gente que pasa por los soportales de una especie de edificio público. “La mayoría de las personas normales hará lo que sea por evitar una pelea” (voz en off). La escena más cómica es, sin duda, aquella en la que el regador moja a un sacerdote. Curiosamente recibe de éste una respuesta más violenta que de cualquier otro. Cuando el regador le arroja su Biblia, empieza a mojarla y le empuja, el sacerdote lo golpea. Es importante el papel que juega la música ligera para dar a las imágenes un tono jocoso. Estas imágenes son, junto con aquellas referentes al accidente de tráfico que hemos comentado, de las más luminosas de la película, y de las pocas que en exteriores están rodadas de día. Es también reseñable la cantidad de marcas de productos de consumo que aparecen: Good Year, Coca Cola...
Capítulo XXII: La venganza autosatisfecha de Jack
La siguiente escena, mucho más dramática que las anteriores, da comienzo, sin embargo, con la misma música con que había concluido la anterior. Aparece un plano americano de Jack a la entrada de un despacho. Lleva un aspecto bastante descuidado. “Tenemos que hablar”, señala en un tono firme que más parece el de Tyler que el del propio Jack. Su jefe está sentado a la mesa de su despacho. Deja lo que está haciendo y pregunta a Jack de qué quiere hablar. Si de sus constantes ausencias, de su aspecto impresentable, si quiere que le abra un expediente... Accedemos a un contraplano de Jack indiferente. Los siguientes son primeros planos de perfil de ambos mientras hablan. Jack le amenaza con denunciarle por la negligencia interesada de la empresa en la seguridad de los coches. El jefe monta en cólera y le dice que se vaya, que está despedido. Otra vez un plano medio de Jack: “Tengo otra solución. Manténgame en la nómina como consejero externo y a cambio de una buena remuneración (contraplano del jefe) mi trabajo consistirá en no decirle a la gente las cosas que yo sé. Ni siquiera tendría que venir al despacho, haría ese trabajo desde mi casa”. Le responde que quién se ha creído que es, que no es más que “un estúpido chiflado de mierda”. Se levanta de su silla, descuelga el teléfono y llama a seguridad. La cámara enfoca la mano temblorosa de Jack mientras la voz en off dice: “Soy la venganza autosatisfecha de Jack”, y se da a sí mismo un golpe en la cara que le arroja al suelo con silla y todo. El jefe no puede creer lo que ve. A continuación vemos cómo Jack se golpea produciéndose heridas con cristales y demás objetos mientras dice a su jefe en alto que no le golpee, que tenga compasión. El jefe no sabe cómo reaccionar, no sale de su asombro. Jack grita que no, que por favor... “Por alguna razón me acordé de mi primera pelea con Tyler”. Arrastrándose por el suelo llega hasta donde está su jefe y se arrodilla ante él, no sin antes mancharle su traje de sangre con las manos. En ese momento llegan los de seguridad. A esa escena le sigue otra en la que Jack abandona sangrando y silbando su oficina con un carro en el que lleva sus objetos. Va acompañado por dos guardias de seguridad y todo el mundo les mira al pasar. Había logrado lo que quería. “Así es como Tyler y yo pudimos asistir al FC todas las noches de la semana. Ahora nadie era el centro del FC, exceptuando los dos luchadores... (Imágenes de luchas en que aparecen de vez en cuando Tyler y Jack). Tyler se enfrentaba a una demanda por orinar en la sopa del hotel P. “Soy la vida desperdiciada de Jack”.
Capítulo XXIII: Proyecto Mayhem
Es curioso que el capítulo lleve este nombre cuando en este episodio del filme no se hace para nada referencia a él, aunque sí pueda haber actuaciones de los miembros del FC relacionadas con las del proyecto Mayhem.
Tyler sentado con su habitual cigarrillo en la boca entregando a los miembros del club unas octavillas amarillas en las que están las nuevas tareas. Las escenas siguientes corresponden a actos de vandalismo como la ruptura con bates de antenas de televisión, cambiar letras de eslóganes publicitarios para convertirlos en frases obscenas, romper los faros a coches de lujo, dar comida a las palomas en un lugar concreto para que manchen con sus deposiciones coches de lujo, cambiar los folletos de instrucciones para casos de emergencia de los aviones poniendo dibujos en los que los viajeros aparecen desesperados, etc. Son imágenes con música electrónica muy rítmica y en las que no hay más diálogo que aquel entre Tyler y Jack en que hablan de la proliferación de sedes de FC en otras ciudades. A continuación se ve a Tyler recortar las noticias relacionadas con sus fechorías. Antes de dar paso al siguiente capítulo, vemos a miembros del FC rellenar una pantalla con gasolina en el escaparate de una tienda de ordenadores.
Capítulo XXIV: Sacrificio humano
La siguiente escena es muy impactante. Tyler y Jack entran en escena por detrás de la cámara cuando ésta está situada delante de un comercio. Tyler saca una pistola de la mochila de Jack para “hacer los deberes” (del plano medio de ambos se pasa a otro general). Tyler entra en el comercio y manda a Jack ir a la parte de atrás. “Si el tiempo vivido es largo, el índice de supervivencia para todos se reduce a cero”, introduce la voz en off de Jack. Tyler saca a un empleado del comercio encañonado con el arma, le hace arrodillarse y le pide la cartera. “Raymond vas a morir”, le asegura apuntándole con el arma después de leer su nombre en sus documentos. El empleado llora desesperado. Tyler le describe el estado en que quedará su cara después de muerto: irreconocible para sus familiares (primer plano de Raymond. Tiene rasgos de un indio). En la cartera hay también un carnet caducado de escuela superior. A la pregunta de Tyler por sus estudios, responde que estudió Biología ante todo (primer plano del protagonista y contrapicado de Tyler). “¿Qué te hubiera gustado ser?”, le pregunta dos veces ante un Jack nervioso por lo que está viendo. “Veterinario”, responde llorando. Tyler le plantea la alternativa entre estudiar y morir allí mismo. “Me quedo con tu permiso de conducir. Te controlaré. Ahora sé dónde vives. Si en seis semanas no estás estudiando para ser veterinario, morirás”. Arroja la cartera al suelo y le manda irse a casa. Raymond abandona el lugar corriendo. “Corre Forrest, corre”, grita Tyler, haciendo clara referencia a la película de Zemmeckis “Forrest Gump”.
Vemos a Tyler cómo mira al empleado correr en plano medio. Atrás aparece la figura de Jack, en segundo plano, que le dice: “Me siento enfermo”. Está enfadado y le reprocha a Tyler su actuación. “Mañana será el día más hermoso en la vida de Raymond Hessel. Su desayuno le sabrá mejor que todo lo que tú y yo hayamos probado jamás”, argumenta Tyler. “Realmente tenía razón. Tenía un plan y empezaba a tener sentido de acuerdo con el estilo particular de Tyler: sin miedo, sin distracciones. La habilidad de pasar de todo aquello que no tuviera verdadera importancia”. (Tyler le lanza la pistola a Jack, quien comprueba que no tiene balas).
A continuación tiene lugar la explosión de la tienda de ordenadores que hemos mencionado arriba. Un fundido entre la tienda destruida y Tyler da lugar a una de las charlas de este último en el club, en clave anticapitalista. Choca más la visión antropológica pesimista – en lugar de decir que el ser humano es más que sus posesiones, lo que hace es hundir su dignidad- que el discurso anticapitalista, que ya resulta poco innovador. “No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones; sois la mierda cantante y danzante del mundo” (primer plano de un rostro sudoroso de Tyler. El rostro vibra junto con el escenario, como por un terremoto, una explosión o el paso de un tren) .
Plano externo diurno de la casa de la calle Paper. Jack sentado a la mesa tomando algo parecido a un café. Entra Marla por la derecha. Dice a Jack que enseguida se quitará de en medio, a lo que Jack responde que no hace falta que se vaya. Ella va a la fregadera, coge una taza, la lava y comienza a hablar con Jack sobre los grupos. Chloe ha muerto. (Se entrelazan planos medios de ambos individualmente con otros en que aparecen los dos). “Bueno, dime, ¿qué sacas tú de todo esto? (Marla extrañada). Me refiero a esto... ¿Por qué sigues? ¿Así te sientes más feliz?”. “No sé, a veces sí”, responde ella. “¿Por qué tiene una persona débil que engancharse a una fuerte, qué significa eso?”. Ella le pregunta qué saca él. Él asegura que su caso (el de ellos) es distinto, a lo que ella pregunta alterada a qué se refiere con ese “nuestro”. Jack parece turbado, no sabe cómo enfrentarse a la situación y, de repente, oye unos ruidos en el sótano. Es Tyler. Pregunta a Jack si le ha hablado de él. Jack está entre dos fuegos. No sabe cómo salir de la encerrona que en que le han metido entre Marla, en la cocina, (“¿El día en que viniste a mi piso a jugar a los médicos, de qué ibas?”) y Tyler, en el sótano, (“¿De qué estas hablando?”). Ella le conmina a que la mire a los ojos, y es entonces cuando ve la quemadura de la mano y le pregunta quién se la hizo. Jack guarda la puerta del sótano para que ella no entre. Ella insiste y él acaba con una frase de Tyler (planos intercalados de Tyler y de Jack): “Esta conversación... ha terminado”. “Entiendo. Contigo no puedo ganar, ¿verdad?”, replica ella enfrentada cara a cara con Jack, y se marcha. Jack entra en el sótano y busca a Tyler al tiempo que le expresa su hartazgo ante la situación. Se sorprende de encontrar literas. Tyler se muestra huidizo. Sube del sótano con Jack siguiéndole y preguntándole para qué necesita literas.
Capítulo XXV: Monos espaciales
Plano general de la entrada de la casa. Sale Tyler por la puerta comiendo una manzana. A la izquierda hay un chico en formación con un saco de dormir y una bolsa. Plano medio de los dos, tira la manzana, se acerca a él (primer plano): “Muy joven, lo siento”. Tyler entra, se encuentra con Jack, que le pregunta qué está haciendo. “Si el aspirante es joven, dile que es muy joven; viejo, que muy viejo; gordo, muy gordo”[4]. “¿Aspirante?”, pregunta Jack sorprendido. “Si el aspirante espera tres días desanimándole, sin comer y sin cobijo, entonces entrará y empezará su instrucción”. “¿Instrucción, para qué?”, pregunta Jack. No recibe explicaciones. El siguiente en salir es él para decirle al mismo aspirante: “¿Crees que esto es un juego? Eres muy joven. Fin de la historia. No nos hagas perder el tiempo y lárgate de aquí”. Se suceden las salidas de Tyler y Jack para desanimarle. En una de ellas Jack golpea al joven con una escoba (plano en picado) mientras Tyler le mira desde la ventana (contrapicado). “Antes o después todos nos convertíamos en lo que Tyler quería que fuéramos”. A la salida siguiente hay dos chicos en formación: el primer aspirante y Bob, que ha traído un colchón y una bolsa (Imagen de día con el sol resplandeciente). Tyler pregunta al primero si tiene ropa negra suficiente y 300 dólares para el entierro, y lo acepta. A Bob le dice que es un grandullón muy viejo, que tiene unas tetas demasiado gordas y que salga del porche. Bob hace ademán de obedecer, pero Jack lo llama y lo hace volver.
El primer aspirante aparece rapándose el pelo ante el espejo. Una vez rapado, Tyler comenta ante Jack con el otro de fondo frente al espejo: “Como un mono dispuesto a ser lanzado al espacio ( entra en el baño y le golpea suavemente la cabeza), un mono del espacio dispuesto a sacrificarse por un bien mayor”. El siguiente en salir es el primer aspirante para decir a Bob, todavía allí, y a otro aspirante que son demasiado gordos y demasiado rubios respectivamente. Jack observa desde la ventana (contrapicado). A continuación la cámara hace un travelling lateral con la cámara dentro de la casa grabando el exterior, donde se ve una especie de ejército de monos del espacio trabajando sin tregua. Lo mismo ocurre en el interior de la casa. Tyler recita uno de sus sermones haciendo uso de la megafonía. “... todos formamos parte del mismo montón de estiércol”, termina.
En el siguiente plano, Jack aparece sentado en la parte trasera de un autobús vacío. La cámara se le acerca. “¿Por qué formaba Tyler Durden un ejército, con qué propósito,(abandona el autobús ante la mirada del conductor) para qué bien mayor. Confiábamos en Tyler” (voz en off). Entra en casa y se encuentra con Tyler, a quien abraza. Éste le da unas cervezas para celebrar con el resto de miembros los reportajes de los noticiarios sobre los actos de vandalismo protagonizados por ellos. Ven en la tele salir fuego de las ventanas del edificio y todos ríen. “¿Qué coño habéis hecho?”, pregunta Jack. Todos le miran extrañados, pero Bob responde: “Señor, la primera regla del proyecto Mayhem es que no se hacen preguntas”. Jack mira a Tyler, que abandona la habitación.
El siguiente escenario es una conferencia a alto nivel de la policía sobre la batalla contra el crimen. Cuando uno de los asistentes sale de la sala, los camareros, muchos de ellos del ejército de Tyler, abandonan la sala de conferencias y lo abordan en el servicio. La iniciativa la lleva Tyler. Le bajan los pantalones y le amenazan con cortarle los huevos si no declara que ha dado por terminada la investigación. “Por cierto, perseguís a la gente de quien dependéis. Recogemos vuestras basuras, colectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís, (contrapicado de la cara en primer plano de Tyler ante un individuo tumbado boca arriba y amordazado) así que no te metas con nosotros”. “De acuerdo”, responde. Un miembro del proyecto Mayhem parece ir a cortarle los genitales con un gran cuchillo, pero lo único que hace es cortar la goma que antes le habían puesto en ellos, ante la mirada desesperada de la víctima. A la salida Tyler felicita al chico rubio, uno de los miembros del ejército. La mirada de Jack hacia él es de odio. “Soy el sentimiento de rechazo de Jack”, dice la voz en off cuando los integrantes del grupo se desperdigan por las calles.
Capítulo XXVI: Chico psicótico
Plano exterior del bar del FC muy parecido o igual a otro visto anteriormente. En el siguiente Jack aparece en plano medio descamisado en el interior con los puños levantados dispuesto a pelear. Su contrincante, el chico rubio, también se nos presenta en plano medio. Al principio las imágenes parecen más propias de un sueño o de un delirio que propiamente reales. La pelea está rodada con planos más cercanos que las anteriores, para subrayar la violencia probablemente. Después de unos primeros golpes que recibe con una sonrisa de autosuficiencia, Jack empieza a golpear furiosamente a su adversario. Lo arroja al suelo. Ya no se oyen los gritos de los que les rodean, sólo los golpes secos con que Jack castiga a su contrincante. Fincher quiere resaltar la violencia, el instinto de destrucción. Los rostros de los asistentes cambian su expresión de ánimo por la de miedo y preocupación. “Sentía ganas de meter una bala entre los ojos a cualquiera que se negara a follar para salvar su especie. Quería abrir las válvulas de descarga rápida de todos los petroleros y cubrir de crudo todas esas magníficas playas que yo jamás conocería. (contrapicados de Jack golpeando y del joven rubio casi inconsciente, ensangrentado) Quería respirar humo” (plano medio de Jack después de la victoria, arrodillado y con la cara y el pecho salpicados de sangre ante la mirada preocupada del resto). Se levanta, se acerca a Tyler y éste le pregunta: “¿Dónde estabas, chico psicótico?”. “Quería destrozar algo hermoso”, responde Jack. Primer plano en picado de la cara ensangrentada y deformada del joven golpeado. “Llevadle al hospital”, ordena Tyler.
Salen del bar, se acerca un coche de lujo, sale el conductor y lo pone a disposición de Tyler. Es una noche muy lluviosa, parecida a las que salen en “Seven” repetidamente. Tyler se coloca en el lugar del conductor, Jack en el del copiloto. La cámara nos muestra de paso una pegatina en la parte de atrás del coche: “Recicla tus animales”.
Capítulo XVII: Una experiencia cercana a la vida
Dentro del coche con la cámara enfocándolos alternativamente. Tyler le pregunta si le pasa algo. Jack responde que no al principio, pero después le pregunta: “¿Por qué no me has hablado del proyecto Mayhem?”. Los dos miembros del club que van detrás responden como autómatas: “La primera regla del proyecto Mayhem es no hacer preguntas”. Jack le pregunta por qué no le incluyó a él en el proyecto desde el principio como hizo en el FC. “El FC era el principio. Ahora ha salido del subsuelo. Se llama proyecto Mayhem”, responde Tyler. Se entabla un diálogo en el que Tyler le dice a Jack que el asunto no va sólo con ellos, que no son especiales. “Tú decides tu grado de implicación”. “Está bien, pero antes quiero saber ciertas cosas”, exige Jack. “La primera regla del proyecto Mayhem...”, repiten a coro los autómatas, hasta que Jack los manda callar. “Olvida lo que sabes, tienes que olvidarlo todo. Ese es tu problema. Olvídate de lo que crees saber de la vida, de la amistad y especialmente de nosotros”. Jack parece perplejo y le pregunta qué significa eso. Tyler conduce el coche a un carril en dirección contraria. “¿Chicos, qué desearíais hacer antes de morir?”, pregunta Tyler a los que van detrás. Jack hace lo posible para que Tyler abandone ese carril. Se desespera cuando se cruzan con unos camiones y empieza a maldecir el FC, a Marla y las locuras de Tyler. Tyler suelta el volante y Jack trata de controlarlo. “Mírate. Eres patético. ¿Por qué crees que hice volar tu apartamento? El tocar fondo no es un retiro de fin de semana, no es un maldito seminario. Deja de intentar de controlarlo todo y suéltate de una vez. Suéltate”. Tyler suelta el volante. Se abrochan los cinturones de seguridad, suena música electrónica con un ritmo bastante marcado, chocan contra un coche aparcado en el arcén y se precipitan por un terraplén. En las imágenes del accidente se entremezclan los planos exteriores de la caída con otros de rostros de los protagonistas en el interior o de sus cuerpos balanceándose. “No había tenido nunca un accidente de coche. Imagino que así se sentirían todas esas personas antes de que los archivara como estadísticas en mis informes” (voz en off de Jack)
Capítulo XXVIII: Tyler se despide
Fundido en negro, a partir del cual aparece Jack dormido en la cama en plano medio. Otro fundido en negro y se vislumbra la figura de Tyler sentado en el suelo ante la puerta de esa misma habitación. Tras un fundido en negro más se muestra a Jack en la posición anterior. Otro fundido y aparece Tyler, que se levanta, dice a Jack “que te mejores campeón” y se va cerrando la puerta. Jack extiende el brazo, pero parece medio dormido. Durante esa concatenación de fundidos Tyler nos hablaba de su particular paraíso, del mundo que pretende impulsar el proyecto Mayhem: “Imagínalo. Se cazarán alces en los cañones húmedos que rodearán las ruinas del Rockefeller Center. Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por cepas gruesas como mi muñeca que envolverá el edificio Seals y cuando se mire hacia abajo se verán figuras machacando maíz, colocando tiras de venado en el arcén de alguna autopista abandonada”.
Plano exterior de la casa. Ha amanecido. Plano interior en el que Jack aparece tumbado sobre el colchón. Se despierta, se levanta y empieza a llamar a Tyler. “Y entonces Tyler desapareció (mira desde el exterior de su habitación hacia dentro) ¿Estaba dormido? ¿Había dormido? De repente, la casa cobró vida propia. Húmeda por dentro de tanta gente que sudaba y respiraba en ella. Había tanta gente moviéndose que la misma casa se movía. El planeta Tyler. Tenía que abrazarme a las paredes atrapado dentro de ese aparato de relojería de monos espaciales. Guisando, trabajando y lamiendo en equipo”. Jack inspecciona toda la casa, en la que ve algo parecido a un ejército en actividad frenética. A él le resulta todo desconocido. Hace un gesto para abrir un fichero y el joven rubio, con señales claras de la paliza recibida, se lo impide. Cuando le pregunta por Tyler le habla de la primera regla del proyecto Mayhem. “Estoy solo. Mi padre me abandonó. Tyler me abandonó. Soy el corazón roto de Jack. Lo que viene después en el proyecto Mayhem sólo Tyler lo sabe (sale de casa de noche con una botella en la mano y fumando). La segunda regla es que no se hacen preguntas”.
De pronto aparece Marla en el exterior preguntando quién es esa gente. Jack responde irónicamente que son de la compañía de jabones. Pregunta a Jack si puede pasar y éste le responde que Tyler no está allí, que se ha ido, que ha desaparecido. Ella le mira consternada, se da la vuelta y se va. Jack hace un gesto de lamento y arroja la botella al suelo.
Capítulo XXIX: Operación “Trueno con leche”
Antes de que pueda reaccionar por la marcha de Marla, se oyen dentro de la casa unos gritos entre los que destaca una frase: “Nos han jodido”. Jack corre al interior y ellos le informan de lo que ha pasado en la operación “Trueno con leche”. Se intercalan planos de los activistas en el interior de la casa con otros de la operación. Volaron una obra de arte que consistía en una gigantesca bola y cuando cayó rodando destruyó una cafetería que se encontraba a pocos metros. Apareció la policía y disparó a Bob a la cabeza. Otro miembro también fue herido de bala. Jack les increpa diciéndoles que qué pensaban que iba a pasar si iban con pasamontañas volando cosas. Para esconder pruebas hablan de enterrarlo y de deshacerse de él. Jack defiende la dignidad del muerto y se muestra contrario a reducirlo a prueba. El rubio le habla de que ha muerto sirviendo al proyecto Mayhem. Jack dice que es Bob, a lo que uno de ellos replica que en el proyecto Mayhem no tienen nombre. Jack habla de que era un hombre y de que se llamaba Robert Polsom. A quienes le rodean parece costarles entender lo que dice, hasta que uno de ellos idea una respuesta: “En la muerte un miembro del proyecto Mayhem tiene nombre. Se llama Robert Polsom”, y todos repiten como autómatas “se llama R. P.”. Jack está fuera de sí ante ese ejército de descerebrados, no entiende nada, dice que todo se ha acabado, pero ellos gritan cada vez más fuerte. Se lleva las manos a la cabeza, se dice que ha de encontrar a Tyler y corre escaleras arriba.
Capítulo XXX: Dejà vú
Entra en la habitación y empieza a buscar desesperadamente. En una de estas da con resguardos de billetes de vuelo a diversas ciudades a nombre de Tyler Durden. Recibe una llamada de teléfono del detective que investiga la explosión de su casa, pero cuelga impetuosamente.
Se ve volar un avión. Después a Jack dentro de un avión. Más aviones, Jack corriendo, pidiendo taxis, sentado en escaleras mecánicas, viajando en taxi, es decir, en una actividad frenética. Ni que decir tiene que la poca duración de los planos del montaje de este capítulo ayuda a dar esa sensación de velocidad y desesperación en que se encuentra el personaje, se asemeja al montaje de un video-clip. “Fui a todas las ciudades que aparecían en los resguardos de billetes de Tyler. Fui de bar en bar. No sabía cómo ni por qué, pero sabía que estaría en uno de ellos”. Pregunta por Tyler Durden y todos le hacen gestos de complicidad, pero no le dicen nada. Más aviones y más ajetreo. “En cada ciudad a la que fui, cuando bajaba del avión sabía si había un FC cerca”. Nadie le responde a su pregunta. “Tyler había montado una cadena de sucursales por todo el país. ¿Estaba dormido? ¿He dormido? ¿Es Tyler mi pesadilla o yo soy la de Tyler?”. Gente peleándose, más aviones aterrizando y despegando.
En una de éstas un travelling se detiene y nos muestra a Jack hablando con dos individuos que le indican que no saben qué aspecto tiene, que han oído decir que se hace la cirugía cada tres años. Jack observa que es la mayor tontería que ha oído jamás. Más ajetreo. “Vivía en un estadio perpetuo de algo que había vivido. En todas partes a donde fuera sentía que ya había estado allí. Era como perseguir a un hombre invisible. El olor a sangre seca, las pisadas sucias de pies descalzos formando círculos, ese aroma de sudor rancio como de pollo frito, el tacto del suelo aún cálido por la pelea de la noche anterior. Siempre me encontraba un paso por detrás de Tyler”.
Capítulo XXXI: Cambio de proyector
Después de este ir y venir alocado entra en un bar en el que oye gritar “se llama Robert Polsom” una y otra vez. El camarero le llama “señor” y le pregunta cómo ha ido. Jack no puede entender que le conozca y el camarero le asegura que estuvo allí el jueves anterior preguntando si la seguridad era buena. Jack no da crédito a lo que oye. “¿Quién cree que soy?”. Después de cerciorarse de que no es una prueba, el camarero responde: “Usted es el señor Durden. Fue usted quien me hizo esto”, y le enseña la mano con la quemadura. “Por favor, vuelvan a poner el respaldo de sus asientos en posición vertical”, dice la voz en off y se ve a Jack apresurado, llamando por teléfono. Ante la cámara se ve a Marla que se incorpora de la cama. “¿Lo hemos hecho alguna vez?”, le pregunta Jack. “¿Hacer qué?”, responde ésta. “¿Hemos follado juntos?”. Marla se sulfura por lo que considera una pregunta estúpida. Jack le pregunta si es estúpida por la evidencia de la negativa o de la afirmación. Marla le habla entonces de si se refiere a la diferencia entre el sexo y el amor. Eso responde implícitamente a las preguntas de Jack, pero él sigue preguntándole: “Me follas, me ignoras. Me quieres, me odias. Me muestras tu lado sensible y luego te conviertes en un capullo. ¿Es así como describes nuestra relación, Tyler?”. Jack está fuera de sí, y le pide que repita su nombre. Ella repite: “Tyler Durden”, y cuelga.
Aparece Tyler de nuevo sentado en una butaca de la habitación del hotel. Lleva el pelo rapado y gafas oscuras. Fuma. “Has roto tu promesa, le has estado hablando de mí”. Jack pregunta a Tyler qué está pasando. Tyler se quita las gafas y le hace sentarse encima de la cama (plano general de ambos). Le dice que ya sabe lo que pasa, que lo diga él. “Porque somos la misma persona”. “Así es”, confirma Tyler. “No lo entiendo”. “Buscabas un modo de cambiar tu vida, pero no podías hacerlo solo (plano-contraplano). Todo lo que deseabas ser, soy yo. Tengo el aspecto que deseas tener, follo como deseas follar. Soy listo, competente. Y lo más importante: soy libre en todo lo que tú desearías hacer”. Jack parece no poder asumirlo. Tyler le dice que la gente lo hace cada día, que hablan solos y que intentan verse como les gustaría ser. “No tienen tu valor ni se dejan llevar (imágenes de Jack golpeándose a sí mismo ante el bar). Claro que aún sigues luchando contra eso y a veces eres como eras. Otras veces te imaginas contemplándome. Pero poco a poco vas dejándote convertir en Tyler Durden” (se muestran escenas anteriores en que aparecían los dos, pero ahora con un solo protagonista). Tyler ayuda a Jack a hacer una relectura de su vida anterior: relaciones con Marla, propiedad de pisos, etc. Luego le habla de que Marla sabe demasiado y de que ello podría comprometer sus objetivos. Jack se levanta de la cama y le dice que todo es un montón de mierda, que no va a escucharle más, que está loco. “Tú eres el loco. Además, no tenemos tiempo para tanta charla”. Jack cae desvanecido en su cama. Se produce un fundido en negro y vuelve a aparecer Jack frente al teléfono descolgado. Se incorpora y sale corriendo del hotel. Pero al salir la recepcionista le pide que firme una lista de llamadas que ha hecho durante la noche, entre las dos y las tres de la madrugada. Jack se da cuenta de lo que ha ocurrido.
Otro avión volando. Jack dentro del avión. Un taxi llegando a la calle Paper. Jack entrando. El mismo ritmo frenético de antes en Jack y en el montaje. Llega a casa y observa todo lo que hay. “¿Me he acostado cada noche más temprano, he dormido hasta más tarde, he sido Tyler durante más tiempo?... y otra vez ya lo había vivido” (se encuentra con explosivos que se están fabricando y ve una alucinación de Tyler que le informa que con suficiente jabón se puede fabricar cualquier explosivo. Comienza a marcar los teléfonos que le han dado en el hotel y se da cuenta de que se corresponden con otros tantos objetivos del proyecto Mayhem. Los destinatarios de las llamadas le responden que todo está controlado
Capítulo XXXII: Mea culpa
Plano medio de Marla saliendo de su casa fumando. Se acerca a la cámara en primer plano. Plano lateral de Jack saliendo de un taxi en marcha con muchos papeles en la mano y llamando a Marla. Parece apresurado. Otro primer plano de Marla girando el rostro hacia Jack. Se da la vuelta y trata de huir de él. Jack aparece detrás siguiéndola corriendo. Ella le habla con un tono de reproche de que los monos del espacio la han golpeado con una escoba. Jack trata de hacer que ella le escuche, de que haga un gran acto de fe.
Marla entra a un restaurante y se sienta. Él por detrás. El camarero es un integrante del proyecto Mayhem que le dice que tiene todo gratis. Ella pregunta que por qué, pero luego aprovecha para pedir todo lo que le viene en gana. El camarero sugiere a Jack que no tome la sopa de almejas. Al girar la cabeza, Jack ve cómo todos los cocineros le saludan con ese gesto mezcla de complicidad y estupidez. Jack le habla de sus dos personalidades, de que se merece su desprecio, pero continúa: “Sin embargo, me he dado cuenta de algo muy, muy importante. No tenía claro lo que significaba para mí nuestra relación hasta ahora, por razones que ahora no vienen al caso. Pero lo importante es que sé que no te he tratado muy bien. (Ella hace ademán de irse y él le pide que escuche durante quince segundos) Intento decirte que lo siento, porque ahora me he dado cuenta de que estoy enamorado de ti, Marla (todo esto en plano-contraplano con ambos sentados de frente a la mesa). Eres lo que más me importa y no quiero que te ocurra nada malo por mi culpa (ella le mira muy seria). Marla, tu vida corre peligro. Deberías irte durante un tiempo. Aléjate de cualquier ciudad, vete al campo una temporada”. “Creo que has enloquecido”, responde ella. “No, por mi culpa estás metida en algo terrible que está a punto de ocurrir. No estás a salvo”. Ella le grita cada vez más fuerte “cállate”, ante la mirada de los que les rodean. Marla le dice que lo ha intentado, que hay aspectos de él que le gustan: que es listo, divertido y espectacular en la cama (¿aspectos de Tyler?), pero que es inaguantable, que tiene serios trastornos emocionales, problemas tan profundos que debería buscar la ayuda de un especialista. “Ya no puedo seguir más así. No puedo y no seguiré. Me voy”. Jack asegura que no puede irse a una Marla que ya ha abandonado el restaurante y está de pie en la calle. “No estás a salvo. Marla, tienes que entenderlo”. Jack trata de hacerle comprender que es por su bien, a lo que ella responde que no quiere volver a verlo más. Él para un autobús, le da dinero y trata de no mirar a dónde se dirige. Los conductores no paran de dar bocinazos, a los que él apenas hace caso. Desde la entrada del autobús, con la mirada fija en él, le confiesa (plano-contraplano): “Tyler (él la mira), eres lo peor que me ha ocurrido en la vida”. La puerta del autobús se cierra como una barrera entre los dos. Jack se queda sin palabras y mira irse al autobús andando despacio por la carretera haciendo caso omiso de las quejas y gritos de los conductores.
Capítulo XXXIII: Policías capaces de capar
Sin perder tiempo por la marcha de Marla se apresura y va a una comisaría a decirles que tienen que detenerlo. Ante una especie de mostrador declara: “Soy el líder de una organización terrorista responsable de un gran número de actos de vandalismo y asalto cometidos por toda la ciudad. Actuamos en toda el área metropolitana (la cámara realiza un travelling de acercamiento al letrero de la sala de interrogatorios. Luego aparecen fotos de planos de edificios, con señales, ficheros, etc.). Somos unos doscientos miembros. Ya han aparecido comandos en otras cinco o seis ciudades importantes. Se trata de una organización fuertemente regimentada (plano medio de frente de Jack sentado a una mesa dentro del despacho de interrogatorios) con muchas células capaces de actuar de modo totalmente independiente de la jefatura central (plano medio de un policía sentado a su mesa que está en frente de Jack). Oiga, vayan a la casa, está en el 1537 de la calle Paper, es nuestro cuartel general. En el jardín encontrará enterrado el cuerpo de Robert Polsom (el policía apunta). En el sótano encontrarán unas bañeras...”. Les da toda la información sobre los explosivos. “Creo que el plan consiste en volar las oficinas centrales de unas compañías de tarjetas de crédito y el edificio de servicios de información”. Según cuenta Jack, esto es para eliminar la relación de deudas y volver al punto cero. Se creará un caos total. El policía al mando abandona la sala para hacer una llamada y lo deja en manos de sus acompañantes para que le sigan haciendo preguntas. Los que se quedan le dicen que admiran mucho lo que hace, que él mismo dijo que si alguien interfería en el proyecto Mayhem le cortaran los genitales. Jack se levanta precipitadamente. Ellos, son tres, le van arrinconando contra la pared. Trata de disuadirles diciéndoles que cometen un grave error, que él no es Tyler Durden. Al ver su reacción les dice que sí que lo es y que han de anular la misión de inmediato. Pero a todos los intentos de evasiva, ellos responden que dijo que diría eso. Lo agarran entre los tres y lo ponen sobre la mesa. Le bajan los pantalones, sacan un cuchillo. En ese momento el jefe toca la puerta y les dice que parte de la información es cierta y que irá a la calle Paper. Jack quita a uno de ellos la pistola, les hace arrodillarse y luego ponerse a gatas, coge los planos de la mesa y huye sin apenas resistencia corriendo en calzoncillos de noche.
En su desesperación casi le atropellan unos coches (música electrónica rítmica). Se le ve correr entre los edificios. “Corrí, corrí hasta que mis músculos ardían y mis venas bombeaban ácido de batería (De frente, pasa, ante una cámara fija, de plano general a americano. Cámara lenta) y luego seguí corriendo” (entre árboles en un travelling lateral). Llega a la calle Franklin, donde oye y ve coches de policía. Se acerca a un edificio (travelling en plano general de las cristaleras del exterior del edificio iluminadas por dentro ante las que está Jack). “Joder, ¿qué coño haces corriendo por ahí en calzoncillos?”. Se da la vuelta y ve a Tyler (plano americano ligeramente en contrapicado) “Tío, estás chiflado”. Plano general de ambos como el anterior de las cristaleras. “No, ya te he calado. Sé lo que está pasando aquí”, dice Jack mientras corre. “Entonces, ven. Me he agenciado un lugar estupendo para mirar”. Jack coge un banco de la calle y lo empuja contra la puerta de cristal del edificio. No logra romperla, con la consiguiente carcajada de Tyler. Dispara dos tiros hacia el cristal y se rompe uno de los ventanales. Se introduce en el edificio corriendo, ve el letrero de los garajes, abre una puerta y corre. Se encuentra con una furgoneta blanca, la que habíamos visto al principio de la película. La cámara enfoca las pantallas de las cámaras de vigilancia del edificio ( la música tiene el estilo de la del principio, cuando se nos hace la presentación del cerebro, aunque no tiene un ritmo tan marcado y no es tan persistente). Abre la puerta trasera de la furgoneta y ve que está llena de bidones de explosivo. Se adentra en ella y ve el mecanismo de relojería con que está activada. Detrás aparece de nuevo Tyler, preguntándole qué hace. “Voy a impedirlo”, dice Jack. “¿Por qué? Es lo más grande que has hecho”, le contradice Tyler. “Hay otras diez bombas en diez edificios”, añade. Jack se da la vuelta, mira a Tyler y le dice: “¿Desde cuándo practica el proyecto Mayhem el asesinato?”. Tyler le comenta que todos los edificios están vacíos y que los de seguridad son del proyecto. “No mataremos a nadie. Los liberaremos”, corrige Tyler. “Bob ha muerto, le dispararon a la cabeza”, le recuerda Jack. “Si quieres una tortilla tienes que romper algunos huevos”. Jack asegura que no está dispuesto a escucharle, que no está ahí. Trata de desconectar la bomba. Tyler le insinúa que no lo hará sin la correspondencia de los cables (contrapicado de Jack mirando a la bomba). “Si tú lo sabes, yo también”, responde Jack.
Tyler sigue sentado en la parte de atrás de la furgoneta, de espaldas a Jack y fumando. Trata de confundir a Jack. Planos detalle de las características de la bomba por fotogrametría. Jack lo intenta, Tyler trata de confundirle. Al final, Tyler le dice que coja cualquiera menos el verde. Desconecta el verde y la bomba se desactiva. De un golpe Tyler manda a Jack fuera de la furgoneta. Jack saca la pistola, le apunta y le dice que se aleje de la furgoneta (plano medio). Tyler cierra la puerta y tira la llave. En las cámaras de vigilancia se ve a Jack apuntando al aire, o a la furgoneta. Dispara a la furgoneta, luego dispara a Tyler, pero no le ocurre nada. Tyler le golpea, le tira la pistola y Jack huye corriendo. Al huir se encuentra con el brazo de Tyler, al que golpea con su cuerpo. Las cámaras de vigilancia sólo muestran a Jack cayéndose al suelo. Tyler aparece frente a un Jack en el suelo haciendo gestos de artes marciales. Lo arroja hacia la cabina de tickets, le hace romper unos cristales. Jack huye a cuatro patas con Tyler pisándole los talones. Se mete debajo de la furgoneta y Tyler le saca agarrándolo por los tobillos. Cuando Jack trata de hacerle frente con una barra de hierro, le golpea más contra la pared y contra el espejo retrovisor de la furgoneta. Lo agarra por el cogote y lo arrastra. La cámara de vigilancia muestra a Jack arrastrándose a sí mismo. Abre una puerta y le tira por las escaleras. (La cámara nos muestra a Jack en el suelo y a Tyler arriba desenfocado en una toma hecha de abajo arriba. Picado de Jack sangrando y magullado después).
Fundido en negro y aparece de nuevo la primera escena de la película, la posterior a los títulos de crédito, con Jack engatillado en su boca. Es un primer plano en el que se ve la pistola, pero no a Tyler. “Tres minutos y se acabó”. En el plano siguiente se les ve a los dos desde un plano lateral en contrapicado en el que se resalta a Tyler. “El comienzo, tierra cero”, sigue Tyler. El siguiente es un plano general con la cristalera y los edificios al fondo. “Creo que empezamos más o menos aquí” (voz en off). De nuevo dos planos como los anteriores pero en orden inverso: primero Tyler en contrapicado y luego la cara de Jack con la pistola en al boca, de arriba abajo. “¿Quieres decir algo para la ocasión?”. “Aún no se me ha ocurrido nada”.
Tyler deja a Jack y se sitúa detrás de él mirando por el ventanal. Jack se da la vuela y lo mira. Otro plano general parecido al anterior. “Dos y medio. Piensa en todo lo que hemos conseguido. A través de esta ventana visionaremos el colapso de la historia financiera”, dice y hace girar la silla de Jack y luego la lanza contra los cristales. “Un paso más cerca del equilibrio económico”. Desde la cristalera Jack ve llegar un autobús en la calle, y reconoce a Marla obligada por miembros del proyecto Mayhem. “¿Qué hace ella aquí?”, pregunta Jack a Tyler. “Atar cabos sueltos” es la respuesta de éste. Plano medio de Jack, con los edificios detrás, suplicando a Tyler qu